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sábado, 13 de mayo de 2017

Evite las colas y no pase cuatro años de su vida en ellas



En un mundo repleto de mediciones y estadísticas, no es de extrañar que podamos saber en qué invertimos el tiempo que nos toca pasar en este mundo. El ser humano del siglo XXI dedica una media de 6 años de su existencia a navegar por internet; 4 años comiendo; 11 años viendo la televisión; apenas 115 días riendo; 27 días esperando el autobús, el tren o el metro y la friolera de 4 años guardando colas, ya sea en el supermercado, en el cajero, en el cine, en un atasco, en las oficinas de hacienda o esperando para entrar a ver un partido de fútbol. 

No me negarán que el concepto de cola en sí mismo resulta curioso. Según el experto de la Universidad de Houston, Dave Fagundes, una cola se forma “cuando el número de personas que busca un mismo producto o servicio excede al número de personas disponible para atenderles”. Así, lentamente, de manera espontánea, sin reglas y sin que nadie nos instruya explícitamente de cómo hacerlo, se va formando una hilera física en la que todos (o casi todos) nos comportamos civilizadamente, incluso amablemente y esperamos en orden a que nos llegue el turno rodeados en la mayoría de las ocasiones de extraños con los que quizá no volvamos a cruzarnos en nuestra vida. Es un caso excepcional de “orden sin ley”, algo verdaderamente extraño en nuestros días.


Las colas, evidentemente, generan impaciencia. ¿Cómo evitarla? Los científicos se han pasado mucho tiempo estudiando el comportamiento de las personas cuando están en una cola y ya se aplican muchas de sus recomendaciones. ¿Saben por qué se inventaron las filas únicas o colas en serpentina? Aparte de que reducen el tiempo que pasamos esperando, disminuyen la ansiedad del cliente porque no se comparan con otras colas paralelas para valorar si son más rápidas y, además, se evitan el trance de elegir una de las colas y la frustración de que sea precisamente esa la que más lenta se desplace.

Si en un aeropuerto o en un parque de atracciones nos indican que el tiempo de espera es de 15 o 30 minutos y nos hacen caminar por una serpenteante cola no es algo casual. Está demostrado que la impaciencia disminuye si caminamos, nos distraemos y tenemos una estimación, aunque sea imprecisa, del tiempo de demora.

¿Por qué hay establecimientos de comida rápida en los que pedimos en un sitio, pagamos en otro y recogemos en un tercero? Pues porque al dividir la espera en tres partes y desplazarnos de un sitio a otro, nos parece mucho menor el tiempo empleado.


Cuando se erigieron los primeros rascacielos en Nueva York, los usuarios se quejaron de su lentitud. Pasaban largos minutos hasta llegar a los pisos más altos y hablar del clima con los vecinos se hacía demasiado tedioso. A alguien se le ocurrió la genial idea de forrarlos de espejos. Los ocupantes se arreglaban el pelo o se rehacían el nudo de la corbata y se olvidaban de contar los minutos. Ignorar el reloj y distraerse es la forma más efectiva de derrotar a la impaciencia.

Si una cola tiene más de seis personas nos lo pensamos dos veces antes de unirnos a ella y esperamos de mejor humor si la cola detrás de nosotros es larga. Raramente la abandonamos e incluso nos sentimos afortunados por estar más adelante.

Esperamos más cómodos y relajados en la cola si la distancia con la anterior y la posterior persona es de al menos 15 centímetros, si la luz es tenue, si las paredes son azules o verdes y si escuchamos canciones de pop clásicas, nunca baladas ni últimas novedades.


Si hay una gran aglomeración de personas, es imposible no hacer colas; no existe la varita mágica que lo evite. Pero si les podemos dar unos consejos para ganar un poco de tiempo:

- Observe unos segundos las colas antes de incorporarse y decídase por la que avance más rápido, aunque sea más larga. La mayoría comete el error de escoger la más corta y lenta.

- Conviene elegir la cola con más hombres. Son más impacientes y propensos a irse si la espera se prolonga.

- Lo lamentamos pero es la realidad: las colas con personas mayores son mucho más lentas

- En los supermercados solemos huir de las colas con carros muy cargados. Piense siempre que no retrasa el paso de los productos sino la interacción con los clientes: la frase de bienvenida, pagar, recoger el comprobante…

- Los diestros suelen escoger inconscientemente la cola de su derecha. Como existen menos zurdos, las colas más rápidas suenen ser las de la izquierda.

- ¿Ha probado conseguir ese producto o servicio por el que va a hacer la cola a través de internet? Con un simple clic, en muchas ocasiones se consigue lo mismo.


Con que lográsemos rebajar en un 15% el tiempo que le dedicamos a las colas, le ganaríamos más de seis meses a nuestra vida. ¡La de cosas que se pueden hacer en ese tiempo!


martes, 25 de abril de 2017

Espirulina: el alimento-milagro que tampoco nos curará



Los humanos siempre estamos buscando el alimento ideal, esa panacea que al ingerirla nos cure de todos los males que nos acechan. No hace mucho se pusieron de moda las bayas de Goji, la quinoa o la maca y algunos no dudan en comprar alimentos sin gluten o leche sin lactosa aunque no sufran ninguna intolerancia y sean mucho más caros. ¡Todo sea por la supuesta mejora de la salud! Ahora le toca el turno a la espirulina, ¿para qué sirve?

La espirulina es una cianobacteria (alga verdeazulada) de alto contenido proteínico, fuente de hierro y del grupo de vitaminas B.  Se suministra en polvo o en comprimidos y el precio por cada 100 gramos ronda los ocho euros.  

Sus defensores sostienen que puede utilizarse en tratamientos contra la obesidad, la diabetes, la anemia, la caída del cabello, el colesterol alto, las úlceras intestinales y hasta para el tratamiento de tumores precancerosos en el interior de la boca. Lo consideran el antídoto de la desnutrición global por su facilidad de cultivo y afirman que, al cubrir carencias nutricionales, quien la consume comprueba al momento que “tiene mucha más energía”.

Por supuesto, su ingesta no supone ningún peligro para las personas, siempre que no se abuse o esté en malas condiciones, pero ¿es tan milagrosa como la pintan? Pues, al parecer, no.


Según la Biblioteca Nacional de Medicina de EEUU, sus beneficios en el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad o en el Síndrome de Beige -como afirman los promotores de este “superalimento”- no están, ni de lejos, probados, así como tampoco lo están en los casos de fatiga, ansiedad o enfermedades cardíacas.

Pero hay quien llega más lejos, como el nutricionista y escritor Juan Revenga, quien afirma que “aunque su composición es alta en proteínas, en comparación con otros alimentos tiene lo mismo. Se puede conseguir de forma mucho más barata y con unos hábitos más saludables a largo plazo.

La misma opinión tiene el bioquímico de la Universidad Politécnica de Valencia, José Miguel Mulet: “La espirulina es el típico alimento de moda que se obtiene de una bacteria. No es mágico y todo lo que aporta se puede conseguir de otras formas. ¿Proteínas? Tiene más una pechuga de pollo. ¿Vitamina B12? Tiene, pero nuestro cuerpo no la puede asimilar. Los superalimentos no existen, es puro marketing. Hay dietas mejores o peores, pero no basta con algo individual.”


¿Cuánto durará la fiebre por la espirulina? Pues lo que tarden en cansarse las estrellas de cine (como Gwyneth Paltrow) en promocionarla y en “descubrir” otro alimento que, esta vez sí, servirá para curar todos nuestros males, presentes y futuros. Los humanos somos así: necesitamos creer promesas que son imposibles de cumplir.



miércoles, 29 de marzo de 2017

Los productos caducados de Wefood triunfan en Dinamarca



¿Saben cuántos de los alimentos producidos en el mundo se tiran a la basura? Pues según varios estudios publicados, aproximadamente ¡una tercera parte! Esto contrasta con los cerca de 800 millones de personas que se encuentran en una situación de pobreza extrema, sin nada que echarse a la boca o con los muchos millones que, sin riesgo a morir de inanición, no pueden pagar muchos de los productos que diariamente tiran los supermercados a la basura por no haberlos podido vender.

Otra pregunta, ¿cuántas veces ha visto colas en los contenedores donde tiran sus desperdicios los supermercados, echando incluso alguno de ellos lejía para que no los puedan recoger? Pues en otros países, lo solucionan de otra manera mucho más civilizada.


El 22 de febrero de 2016, la ONG danesa DanChurchAid y el Banco de Alimentos de Dinamarca crearon la cadena de supermercados Wefood, cuyo objetivo principal es vender productos caducados y con taras para concienciar a la sociedad sobre el desperdicio de alimentos. Tal ha sido su éxito que en apenas diez meses abrieron su segundo establecimiento, su idea ya ha dado la vuelta al mundo y muchas empresas han querido seguir el ejemplo de negocio solidario.

Wefood ofrece productos que otros supermercados y pequeñas tiendas no pueden vender por echárseles la fecha de caducidad encima, por llevar etiquetas erróneas o por tener el embalaje defectuoso, por poner sólo unos ejemplos. Los productos a la venta no son siempre los mismos, ya que dependen de las donaciones que les llegan día a día: pan, verduras, frutas, productos lácteos, carne y hasta periódicos que no se han vendido a lo largo de la mañana se pueden encontrar en sus estanterías con descuentos de entre un 30% y un 50%.


Pero no es un negocio solidario al uso porque, si bien todas las personas que trabajan en los supermercados son voluntarios (excepto el encargado de la tienda), la venta de sus productos rebajados no está restringida a personas con bajos ingresos, sino que puede comprar allí todo el mundo, sobre todo aquellos que se preocupan por el desperdicio de alimentos. El resultado de esta iniciativa y de otras muchas que se han sucedido en Dinamarca durante los últimos cinco años, es que los daneses han conseguido reducir el desperdicio de alimentos en un 25%. Algo en lo que sin duda influye la legislación danesa que, al contrario de lo que ocurre en otros muchos países, cataloga como adecuados para el consumo estos productos, y el apoyo del gobierno danés a estas iniciativas solidarias.


Mucho tenemos que aprender los españoles de estas iniciativas, desde el gobierno al último de los consumidores. ¿No han visto nunca en un supermercado español a un cliente montando un escándalo al empleado porque a un yogurt le faltaban dos días para caducar? Pues en Dinamarca todavía le queda mucha vida útil y, de seguro, no acabará como aquí en el contenedor de la esquina.
   

jueves, 23 de marzo de 2017

Desokupa, un negocio floreciente gracias a los okupas y a Podemos



Seguro que muchos de ustedes leyeron ayer la noticia en algunos periódicos digitales: 

Detienen a una mujer por echar a unos okupas de su propia casa. Inmaculada Efna, propietaria de origen guineano de una vivienda en Palma de Mallorca, no pudo abrir con su llave la cerradura de su casa. Al ver que la habían cambiado, la propietaria no dudó en romperla y sustituirla por otra nueva comprada en la ferretería. Cuando, posteriormente, llegaron los okupas a la vivienda, la amenazaron con un cuchillo, lo que motivó que Inmaculada llamara a la Policía. La sorpresa llegó cuando los agentes la detuvieron a ella acusándola de un presunto delito de allanamiento de morada. De nada sirvió que les mostrara los recibos de la hipoteca que lleva pagando desde el año 2004. De momento, Inmaculada ha tenido que alquilar una habitación con sus cuatro hijos menores mientras los okupas siguen en su casa.”

Hechos como los relatados ocurren a diario en España. Los okupas, además de invadir casas o locales deshabitados, no dudan en entrar en cualquier vivienda en la que no estén, aunque sea por unas horas, sus propietarios. Amenazas, coacciones, violencia… ¿quién se atreve a desalojar a estos indeseables que no le tienen miedo a nada?


Si alguna ciudad española destaca en este penoso ranking de okupas es Barcelona. Desde que gobierna la ciudad Ada Colau (ex-okupa de un cuartel de la Guardia Civil), el índice de invasión de inmuebles ha crecido un 66%, pasando de 642 a 1.065 entre 2015 y el primer trimestre de 2016, sin duda amparados en la impunidad que preconizan desde el consistorio. Pero lo que supone la ruina para los propietarios, también es una oportunidad para aquellos que han sabido ver el negocio que surgía.

La empresa “Desokupa” fue fundada por Daniel Esteve Martínez, un ex-boxeador propietario de un lujoso gimnasio en la parte más exclusiva de la Ciudad Condal: el barrio de Sarrià-Sant Gervasi. Su trabajo consiste en disuadir a quienes ocupan edificios enteros o viviendas de forma ilegal para que los abandonen. ¿Cómo? Pues con su disuasoria presencia.

Cuando reciben un encargo (ya han desalojado 270 inmuebles), proponen un precio dependiendo de la dificultad y del valor de la propiedad a rescatar. Una vez aceptado, cobran la mitad y organizan “el operativo”. Primero, sus abogados analizan la situación legal. Luego, determinan el número de miembros del “comando” y acuden al terreno para que los okupas abandonen la propiedad que no les pertenece. En el hipotético caso de que no la quieran abandonar (la mayoría salen por piernas al verles), esperan a que abandonen la propiedad para cambiar las cerraduras y asegurar las ventanas. En la mayoría de las ocasiones, todo esto se consigue con apenas dos personas.


Los resultados de esta operativa hablan por si solos: 70 llamadas telefónicas diarias y más de 20.000 visitas mensuales a su web para un porcentaje de resolución de “conflictos” del 95% de los casos en Cataluña y del 100% fuera de esa comunidad. Porque también prestan sus servicios en la Comunidad Valenciana, Canarias, Madrid y Aragón.

¿Sus precios? Un mínimo de 4.000 euros más IVA por caso. Y teniendo en cuenta que alguno de ellos lo solucionan en apenas 8 minutos… pues a 500 euros por minuto de desalojo. Y es que cuando a la puerta de unos okupas llaman varios “negociadores” que sobrepasan el 1,90 y los 110 kilos de peso…

Les pongo un ejemplo: Un cliente tenía unos gitanos rumanos en un solar de su propiedad en Sants (barrio de Barcelona) y le pedían 20.000 euros por abandonarlo. Habían montado tres chabolas dentro del solar donde era imposible vivir; solo servía para extorsionar al dueño. Cuando fue a reclamar, le dijeron que estaban protegidos y que iniciase un expediente judicial. Puesto en contacto con la empresa, esperaron a que saliesen los gitanos rumanos y al tener un permiso de obra aprobado, entraron con una excavadora que se llevó por delante las chabolas y allanó el terreno. Luego cambiaron las cerraduras y candados y esperaron a que regresaran los okupas; les dieron 100 euros y nunca más se supo de ellos. De haber realizado todos los trámites legales habrían tardado al menos ocho meses en poderles echar.


Por supuesto, en este blog creemos que estos asuntos no se deberían solucionar de esta forma y rechazamos categóricamente cualquier tipo de violencia que este grupo de matones pseudo-mafiosos pueda ejercer, si esa es su forma de actuar que lo desconocemos. 

Pero en un país en el que la justicia parece que defienda al okupa en lugar de al propietario con procesos interminables y caros y en el que algunos ayuntamientos, como el de Barcelona, llegan a crear protocolos dirigidos a su policía local para proteger a los okupas de propietarios que pretendan desalojarlos de manera extrajudicial, que surjan estos grupos me parece inevitable. ¿O acaso usted no haría nada si tuviese que dormir debajo de un puente mientras unos okupas disfrutan (y destrozan, seguramente) su vivienda?


La propiedad privada es sagrada. A ver si se les mete de una vez en la cabeza a nuestros políticos. 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Pokemon, iPhone y Trump, los términos más buscados en Google en 2016



Suelen decir que si no apareces en Google… es que no existes. Por ello, para saber qué o quién ha sido el objeto o la persona más popular en el año, basta con conocer cual ha sido la búsqueda más realizada en Google. El popular buscador ha publicado las 10 más solicitadas por sus clientes a nivel mundial. Vamos con ellas.


1. Pokémon Go. Estaba claro que los videojuegos más populares de las consolas tenían que llegar a los teléfonos móviles. Lo que no se intuía es que iban a tener tanto éxito desde el principio. Nintendo con Pokémon Go ha desatado un fenómeno viral de magnitudes planetarias y ello se ha plasmado en el ranking de las búsquedas en Google.


2. iPhone 7. En el segundo lugar de la lista podemos encontrar el lanzamiento del nuevo producto de Apple, el iphone 7. Se presentó en sociedad a las 7 del 7 de septiembre y ese mismo mes ya fue el smartphone más vendido en Estados Unidos con el 17% de cuota de mercado.     


3. Donald Trump. Contra todo pronostico, sin apoyos ni experiencia y haciendo subir el pan cada vez que abría la boca, Donald Trump ganó las elecciones norteamericanas el pasado 8 de noviembre. Curiosamente, la pregunta más tecleada en Google ha sido: ¿qué pasaría si Donald Trump ganase las elecciones? Tenemos cuatro años para saberlo.


4. Prince. El 21 de abril nos dejaba a los 57 años un grande de la música: Prince. Su muerte también se plasmó en Google.


5. PowerBall. El dnero mueve montañas; la ilusión, también; es lógico que el mayor premio de la lotería jamás entregado (casi 1.400 millones de euros) fuese el quinto término más buscado en Google.


6. David Bowie. Otro grande de la música nos abandonó el pasado 19 de enero, David Robert Jones, más conocido por David Bowie.


7. Deadpool. Una de las películas más irreverentes de los últimos años se cuela en la séptima posición de la lista. La historia de un superhéroe vengativo ha calado en la sociedad.


8. Olympics. El deporte mueve pasiones y los Juegos Olímpicos son su máxima expresión cada cuatro años. Los de Río de Janeiro celebrados este año no podían ser una excepción.


9. Slither.io. En nuestro país no es muy conocido, pero el videojuego en línea de la compañía Lowtech Studios causa furor en medio mundo.


10. Suicide Squad. A la vista de las búsquedas, está claro que las películas en las que los supervillanos se convierten en héroes (y no nos estamos refiriendo al tercer clasificado de la lista Google) son las que mayor impacto causan. Este Escuadrón Suicida es buena muestra de ello.  




viernes, 11 de noviembre de 2016

Artistas que abandonarán Estados Unidos tras la victoria de Trump



Los artistas, en cuanto a preferencias políticas,  suelen decantarse mayoritariamente por las izquierdas. Sus motivos son variados: unos pocos siguen sus convicciones morales y la mayoría buscan beneficiarse económicamente del asunto. Ya saben, publicidad, notoriedad, devolución de favores vía actuaciones, películas… resumiendo: dinero para sus bolsillos.

En las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos, aparte de por los motivos antes expuestos, era fácil sumarse al caballo ganador; nadie imaginaba que finalmente pudiera ganar el candidato excéntrico de la derecha, Donald Trump. Por ello, los artistas decidieron subir su apuesta y aseguraron en los medios que, en caso de ganar el magnate, abandonarían el país que les ha dado la fama. Estos nueve lo dejaron bien claro:

Miles Cyrus. Si a la campaña en contra de Trump hubiera que ponerle una cara, sería la que encabeza el post sin ninguna duda. La cantante siempre ha hecho público su apoyo a la candidata Hillary Clinton. En uno de sus polémicos post de Instagram escribió textualmente: “Me mudo si este es mi presidente. Y no digo cosas si no van en serio”. Ahora comprobaremos su seriedad.  


Cher. A través de Twitter, los ataques de la artista al candidato republicano han sido constantes: le comparó con Hitler y amenazó con mudarse a Júpiter. Como, al menos de momento, es imposible irse tan lejos, le aconsejamos México que está a la vuelta de la esquina.


Bryan Cranston. El conocido profesor y traficante de Breaking Bad también declaró en una entrevista pública que se iría a vivir a otro país si Trump se convertía en su presidente.


Samuel L Jackson. Durante el programa de Jimmy Kimmel el actor declaró: “Si el hijo de p… se convierte en presidente, moveré mi culo negro hasta Sudáfrica”. Supongo que el resto del cuerpo le acompañará.


Neve Campbell. La actriz aseguró que el triunfo de Donald Trump era uno de sus mayores miedos en sus sueños. Cumplida la pesadilla ¿se trasladará de nuevo a su Canadá natal?


Natasha Lyonne. En un video publicado por Starz, la popular actriz de “Orange is the new Black” dijo que ingresaría en un manicomio de consumarse la “catástrofe”. Que vaya eligiendo centro.


Barbra Streisand. Fiel defensora de Clinton, eligió Canadá como posibilidad. Tampoco se vive mal allí.


Woopi Goldberg. Sin fijar ningún destino concreto, a principios de año aseguró que abandonaría Estados Unidos en caso de victoria de Trump.


Amy Schumer.  Hemos dejado para el final a la actriz cuyo traslado más nos afectará, ya que confesó que si ganaba Trump se vendría a España. “Mi forma de actuar cambiará porque tendré que aprender a hablar español”. La esperamos con los brazos abiertos.


Se aceptan apuestas. ¿Cuántos cumplirán su promesa y se exiliarán voluntariamente a otro país? Yo lo tengo claro: NINGUNO.

martes, 8 de noviembre de 2016

Condones y marihuana, temas cruciales en las votaciones de Estados Unidos


Que si Trump; que si Clinton… cuando en Estados Unidos son llamados a las urnas los ciudadanos, no solo eligen al Presidente, que ya es bastante, sino que aprovechan para votar a un montón de cargos electos y diversas leyes. Eso yo lo llamo democracia participativa y aprovechar el dinero de los contribuyentes, no como en otro país que yo me sé.

Hoy, 8 de noviembre, los estadounidenses aprovecharán su paso por las urnas para elegir, según el estado y la localidad, a varios gobernadores, congresistas, sheriffs, fiscales de distrito y hasta miembros del consejo escolar. Y no pararán ahí de echar papeletas en las urnas, ya que serán consultados sobre 154 leyes en 35 estados. Y lo que salga en esas consultas… va a misa.


Entre las leyes que van a aprobar o rechazar, está la subida del salario mínimo vigente a nivel nacional (7,25 dólares por hora) en los estados de Colorado, Maine, Arizona y Washington; la inclusión en la constitución de Alabama y Virginia de la prohibición a las empresas a poner como requisito a la hora de contratar la no pertenencia a un sindicato; la aprobación de nuevos casinos en Nueva Jersey, Massachusetts y Rhode Island; la subida de los impuestos al tabaco en California, Colorado, Dakota del Norte y Missouri; legalizar el suicidio asistido en Colorado; abolir la pena de muerte en Nebraska y California; también en California una propuesta para agilizar las ejecuciones (suponemos que aprobarán la que más votos obtenga ya que es imposible ejecutar las dos leyes, algo a lo que estarán muy atentos los 740 presos que permanecen en el corredor de la muerte en ese estado);  abolir los trabajos forzosos para presos en Colorado; cuatro estados decidirán si poner restricciones a sus leyes sobre uso de armas e incluso algunas ciudades y condados como San Francisco tendrán papeletas para votar si se grava con un impuesto a las bebidas azucaradas

Como ven, leyes y propuestas que afectan o pueden llegar a afectar a los ciudadanos, son votadas por todos. Si nos trasladamos a España, cualquiera de estas propuestas ni siquiera sería votada en los parlamentos; los decidiría en gobierno central o los autonómicos en la reunión de después del desayuno de los viernes.


Pero nos dejamos para el final las votaciones más curiosas; las que consiguen interesar de verdad a la gente. En Arkansas, Dakota del Norte, Florida y Montana se votará para legalizar el uso de la marihuana con fines medicinales, algo ya aprobado en más de la mitad de los estados. Pero algunos irán más lejos y Arizona, California, Maine, Massachusetts y Nevada votarán para que se legalice con fines recreativos.

Aunque la pregunta más surrealista la tendrán que contestar los ciudadanos californianos: ¿deben los actores porno llevar condón obligatoriamente en las películas? De aprobarse, la industria ya ha dejado claro que se llevará el negocio a Florida. Y estamos hablando de muuucho dinero.  


miércoles, 19 de octubre de 2016

¡Cuidado! No todo lo que compra en Internet se puede devolver



Cada día compramos más artículos a través de Internet. Unas veces porque son más baratos; otras porque no los encontramos en tiendas físicas; en ocasiones porque nos resulta más cómodo comprar y que nos lo traigan sin tener que salir de casa y muchas veces porque nos encanta comprar en la llamada “tienda más grande del mundo” que es Internet.  Pero, ¿es seguro? ¿Tenemos las mismas garantías que en una tienda física? ¿Podemos devolver lo comprado si no es de nuestro agrado?  ¿Hace falta el embalaje original para devolverlo? Intentaremos contestar a estas preguntas.

Los pagos a través de Internet han avanzado muchísimo en los últimos años. Atrás quedan aquellos tiempos en los que facilitar el número de nuestra tarjeta a una tienda online era sinónimo de encontrarnos con la cuenta vacía al día siguiente. Aun así, al igual que existen tiendas físicas en las que no nos sentimos seguros al sacar un fajo de billetes (ya me entienden),  lo mismo ocurre en la tienda online: ante cualquier duda, ni se le ocurra dar el número de la cuenta donde le ingresan la nómina. Siempre es preferible usar otros métodos de pago seguro (paypal, etc.), una tarjeta prepago o abrir una cuenta especial en el banco, con poco dinero, que solo sirva para compras en la red. Nos cobraran alguna comisión, pero la tranquilidad también se paga.


En cuanto a la garantía, la misma que comprando en la tienda de la esquina: facultad para devolver el producto en el plazo de 14 días naturales desde que lo recepcionamos, sin tener que alegar causa alguna ni tener que asumir penalización por ejercer nuestro derecho de desistimiento. Además, claro está, de la garantía de uno o dos años contra defectos de fabricación según el artículo de que se trate.

¿Hace falta el embalaje original para realizar la devolución? Es una pregunta que solemos hacernos y muchos guardamos voluminosas cajas en nuestros armarios “por si acaso”, incluso caducada la garantía. La respuesta es no. Según varias resoluciones judiciales, en aquellas compras en las que es necesario abrir el embalaje para ver el producto y comprobar que está en buenas condiciones, no es necesario disponer de éste para poder realizar su devolución.


Cuidado porque no todos los productos se pueden devolver. Cada vez compramos más productos frescos a través de Internet, ¿creen que podríamos devolver carne o pescado porque no nos acaba de gustar su apariencia? Evidentemente, no. Cualquier producto perecedero con la fecha de caducidad ya cubierta, no podrá ser devuelto. En este punto, la tienda de la esquina de nuestra calle gana por goleada. Su servicio es mucho mejor.
Tampoco se pueden devolver, ejerciendo el derecho de desistimiento, productos comprados a medida, como por ejemplo un traje, un mueble o unas cortinas.


Para finalizar, al igual que ocurre con las tiendas físicas, podemos tener otros problemas en nuestras compras en la red como cobros indebidos, retraso en la entrega del pedido, productos que llegan en mal estado, devoluciones, etc. Para estos casos, como no se puede personar ante el mostrador y exigir que le atienda el dueño (como ocurre en una tienda),  debe acudir a la oficina del consumidor de su localidad, exponerles el caso y, si se cree conveniente, presentar una denuncia. También es muy útil disponer de un servicio jurídico personal (hoy en día los hay muy económicos) que le solucionará todo este tipo de disputas sin que usted se tenga que preocupar más de la cuenta. 


lunes, 19 de septiembre de 2016

La demografía tumba la última mentira universitaria de Podemos



En Podemos, al igual que en otras organizaciones progresistas, saben que la batalla entre propaganda demagógica y datos objetivos siempre tiene un ganador: la demagogia. Es muy sencillo: los datos objetivos los leemos y analizamos cuatro gatos y la propaganda populista aparece en portada de multitud de programas de televisión. La victoria siempre es clara y contundente.

El último ejemplo lo tenemos en una noticia que saltó a la palestra la semana pasada proveniente del Ministerio de Educación. En ella, se decía que el número de alumnos matriculados en las diferentes universidades públicas españolas había descendido en los últimos cuatro años. Minutos tardaron los líderes de Podemos en denunciar que esta reducción de 127.000 universitarios se debía a que la subida de las tasas y el recorte aplicado en las becas había “expulsado” a estos jóvenes del sistema universitario. Incluso crearon un hashtag, #Faltan127Mil, , que logró convertirse en tendencia a lo largo del día. Pero, ¿es verdad lo que dicen?


Siempre se ha dicho que peor que una mentira, es una verdad a medias. Efectivamente, según los mencionados datos de Educación, los matriculados de grado y de primer y segundo ciclo fueron 1.155.728 alumnos para el curso 2015/2016, unos 127.000 menos que los registrados en el curso 2011/2012, pero la cuestión no es saber el monto de la reducción sino descubrir porqué se ha producido. Y parece que la razón no está relacionada con los aumentos de tasas o los recortes de becas sino con la demografía y la menor duración de los grados.

Entre 2012 y 2015, la población española comprendida entre los 18 y los 24 años -la edad en la que los jóvenes acceden a la universidad- ha bajado en 275.000 personas. Es decir, el descenso de la población joven a más que duplicado a la baja de los universitarios públicos. Como consecuencia, la tasa neta de escolarización ha aumentado hasta alcanzar el 31,5%. O lo que es lo mismo, hay más universitarios que hace cuatro años en términos relativos.  

Es más, entre 2012 y 2016, la población joven de entre 18 y 21 años se redujo en 138.000 personas mientras que los universitarios de esa edad aumentaron en 30.000 alumnos. Poco han influido el recorte de becas y el aumento de tasas, ¿verdad?

























El segundo motivo responde a la duración de los estudios. La adaptación de España al Espacio Europeo de Educación Superior ha supuesto que la duración de los grados sea de 4 años y 240 créditos, frente al modelo anterior donde la mayoría de las titulaciones duraba cinco años. El número de estudiantes universitarios continuará descendiendo en los próximos años mientras no queden completamente extinguidas las titulaciones de primer y segundo ciclo.

Lo bueno que tienen los números, es que, a diferencia de las palabras, son exactos y no se pueden rebatir. Y sin embargo, muchos españoles continúan prefiriendo (y creyendo) las demagogias podemitas. Es lo que hay.


jueves, 31 de marzo de 2016

El cambio climático ya no vende



Vivimos en un mundo intercomunicado en el que el bombardeo de noticias es constante. Soy de la opinión de que recibimos tal cantidad de información que nuestro cerebro apenas la puede asimilar. Así, lo que ahora es noticia, en apenas unos días, e incluso unas pocas horas, deja de serlo. Da igual si hablamos de un atentado terrorista, de unas elecciones generales, de un desastre natural o del partido de fútbol más importante del año: en muy poco tiempo lo habremos archivado en nuestra mente y nos estaremos preocupando por cualquier otra cosa. ¿Por qué tendría que ocurrir lo contrario con el apocalíptico “cambio climático” que algunos anuncian?

Llevan más de una década bombardeándonos con que el fin del mundo, tal y como lo conocemos, se acerca y que los culpables somos los humanos y nuestra manía de soltar a la atmósfera cantidades ingentes de CO2. Año tras año escuchamos profecías que nos advierten de que si no cambiamos nuestros hábitos, pronto lo lamentaremos; que las temperaturas se dispararán; que el nivel del mar subirá; que muchas especies animales y vegetales desaparecerán; que el hielo de los polos se derretirá… en fin, que el caos y la destrucción se apoderarán de nuestra querida Tierra.

Pero el tiempo pasa y aunque continúen saturándonos con informes científicos que demuestran que el apocalipsis se acerca, las personas solo notan en su piel que en verano continúa haciendo calor y en invierno frío. Las noticias sobre el cambio climático nos las saltamos para leer algo que nos interese más.


Ejemplos hay muchos. El año pasado se celebró la cumbre más importante de la historia (según sus organizadores) sobre el calentamiento global en París

Según las informaciones, en la reunión se consiguieron avances transcendentales y todos salieron de ella felices y satisfechos. ¿Su repercusión en los medios de comunicación? Escasa. Un par de titulares mal contados el primer día y noticia de página quince hasta que finalizó. Si esa poca importancia tuvo en los periódicos, imaginen el interés que causó entre la población. La  inmensa mayoría ni siquiera supo de su existencia. Y no digamos ya de los acuerdos alcanzados. Eso sí: los grupos ecologistas hablaron de la “gran satisfacción” con que toda la humanidad acogió el acuerdo alcanzado.

Otro ejemplo: el sábado 19 de marzo, se celebró la “hora del planeta” en la que todos estábamos llamados a apagar las luces durante una hora en un acto de concienciación sobre los problemas que el excesivo consumo energético provoca en relación con el cambio climático. Medios de comunicación, organizaciones ecologistas, ayuntamientos y grandes empresas se sumaron a la iniciativa. Según sus organizadores, WWF, “en España la participación ha sido multitudinaria, con casi 400 ciudades apoyándonos, un 50% más que el año anterior”. ¿La realidad?  Ni Dios apagó la luz.


Este sábado 19, a las 20:50, justo a la mitad de la “hora del planeta”, la demanda eléctrica en España era de 31.487 MW. Si lo comparamos con sábados anteriores, el sábado 12 fue de 32.196 MW, apenas un 2% más; el sábado 5 de 31.950 MW, un 1,4% más y el sábado 13 de febrero, incluso se consumió menos, 31.175 MW, un 1% menos.

¿Participación multitudinaria? Sí, sí. Pero seguro que si les presentan estos datos, responderán que no tienen importancia ya que el acto era “simbólico”. Más que simbólico, lo que fue es inexistente.

Ante la poca trascendencia que las noticias sobre el calentamiento global tienen entre la población y con el temor de que pronto se les acabe a algunos el chollo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha subido su apuesta catastrofista y en su “Declaración sobre el clima mundial en 2015”, hecho público con motivo del Día Meteorológico Mundial, ha echado el resto y ha aumentado sus amenazas para meternos a todos el miedo en el cuerpo.


Sus afirmaciones “apenas” fueron alarmistas. Según este grupo de sabios, “el clima del año pasado en el planeta hizo historia porque estuvo marcado por temperaturas máximas sin precedentes, olas de calor intensas, un total extraordinario de precipitaciones, sequías devastadoras y una actividad excepcional de los ciclones tropicales”. Vamos, que el mundo sobrevivió al año de forma milagrosa. ¿En qué planeta estuve para no notar nada de todo esto?

Un discurso escandaloso con vistas a llenar de titulares los medios de comunicación, pero que si destripamos un poco, demuestran porqué la humanidad cada vez les sigue menos. Así, el titular reza que “en 2015 la temperatura media global batió, por un amplio margen, todos los récords”, para aclarar más adelante que los valores estuvieron 0,76 grados por encima del periodo comprendido entre 1961 y 1990, un tiempo en que, recordemos, se registraron algunas de las temperaturas más bajas de todo el siglo XX.    

También nos dicen que “en 2015 la extensión de los hielos marinos árticos fue la menor desde que hay datos”, para continuar diciendo apenas unas líneas después que la extensión del hielo marino del ártico observada el pasado 11 de septiembre fue la cuarta más reducida. ¿En qué quedamos? Por cierto, ni una palabra del hielo marino del antártico que crece año tras año.


Alarma sobre “olas de calor excepcionalmente prolongadas con picos extremos”, poniendo ejemplos como que en España se llegó a 42,6 grados. Supongo que en amplias zonas de Andalucía todavía se estarán riendo.

Hablan de “lluvias y sequías estremecedoras”, para aclarar que la precipitación a escala mundial se acercó a la media a largo plazo; que debido al episodio de “El Niño”, fue lluvioso en muchas zonas subtropicales de América del Sur; que hubo sequías que afectaron a zonas del sur de África y que en términos globales, el número de tormentas tropicales, ciclones y tifones del año pasado se acercó a la media.  

Si el informe de los miembros de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) contiene todas estas contradicciones y párrafo a párrafo, admite que el clima en 2015 no ha sido muy diferente al de otros años, ¿cómo esperan que la humanidad les haga caso? 

No entramos a valorar si están o no en lo cierto, pero si no cambian de táctica y olvidan los tremendismos (y de paso el gran negocio que muchos están haciendo con el tema), el cambio climático y el ecologismo en general, pronto caerán en el olvido. Y el planeta necesita que lo cuidemos.