lunes, 11 de abril de 2011

“Necesitaremos 7 millones de inmigrantes”. Grandes errores de los economistas.

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Si les preguntasen quienes son los profesionales que más veces se equivocan y menos consecuencias tienen esas equivocaciones en su currículo ¿en quienes pensarían? El error de un médico suele costar vidas y, en el caso que se demuestre su equivocación, le aparta de su carrera; un abogado pierde todos sus clientes si mete la pata en un juicio; un contable es despedido si elabora mal un balance y hasta un futbolista cae en desgracia si falla repetidamente ocasiones de gol. Pero existe un oficio en la que los errores no tienen ninguna consecuencia ya que siempre son excusables: la muy noble profesión de economista.

Al economista se le suele definir como la persona que siempre sabe explicar perfectamente lo que ocurrió en el pasado pero que es incapaz de acertar lo que nos deparará el futuro. No hay forma de que acierten con sus previsiones.


Si tienen la paciencia de seguirlos, comprobarán que la recuperación económica siempre tendrá lugar dentro de dos semestres, nunca ni uno ni tres. Naturalmente, cono no suelen acertar, cuando se acerca la fecha pronosticada, realizan un nuevo estudio y vuelven a darnos un plazo de dos semestres a contar desde la fecha de ese estudio. Eso si, nunca escucharán a un economista decir que se había equivocado en su anterior predicción.   

Todavía recuerdo que a principios del año 2000, el consenso de los analistas pronosticaba que las bolsas de valores de todo el mundo subirían una media del 10% y al finalizar el año, después del desplome de las puntocom, la que menos se había dejado era un 30%. En este tipo de casos, alegan que “no poseen una bola de cristal” para predecir el futuro. Ya, ¿y por qué se arriesgan con sus pronósticos? Si; ya lo sé; porque si no lo hicieran, no cobrarían sus elevados sueldos.

Tenemos que reconocer que en algunas ocasiones aciertan. Sin ir más lejos, ahora, la mitad de la profesión cree que España necesitará pedir un rescate a la Unión Europea y la otra mitad opina que no será necesario. ¡¡¡Alguno acertará!!!


Hay casos en que las barbaridades que sueltan deberían pasar a la historia de la profesión. El otro día encontré un artículo fechado en octubre de 2006 que guardé en su día por curiosidad.  Leído ahora, no tiene desperdicio.
Era una noticia de la agencia Europa Press que hacía referencia a la presentación del libro “España 2020: un mestizaje ineludible. Cambio demográfico, mercado de trabajo e inmigración en las comunidades autónomas” encargado por la Generalitat y escrito por el catedrático de Economía Aplicada, Don Josep Oliver.

En la conferencia de prensa, el señor Oliver hizo estas afirmaciones:

- La población residente en España en 2005 será insuficiente en 2020 para cubrir la demanda de trabajo, por lo que harán falta inmigrantes.

- En condiciones normales, la cifra estimada de inmigrantes que se debe incorporar para cubrir esa demanda ronda los siete millones.

- Si las condiciones cambian, es decir, si se alarga la edad de jubilación, se penaliza la jubilación anticipada, se incrementa la tasa de actividad femenina en un 5%, disminuye el paro hasta el 3% y se aumenta la productividad, esa necesidad de inmigrantes quedaría en cuatro millones.

- “Necesitamos” el choque migratorio que se avecina para poder cubrir las necesidades de nuestra economía.

- En el año 2014 ya no se podrá cubrir la demanda de empleo realizando movimientos internos de mano de obra entre las diferentes comunidades.

Resumiendo, este insigne economista abogaba por traer a más de medio millón de inmigrantes anuales hasta el año 2020 y, aun así, España tendría problemas para cubrir todos los trabajos que generaría nuestra economía.

¿Qué ha ocurrido desde entonces? Pues que la tasa de paro ha pasado del 8,3 al 20,5%, que hay cerca de tres millones de personas de más en el paro y que la población activa apenas ha aumentado (menos mal) en 200.000 trabajadores anuales.
Desconozco si este señor ha admitido su error o si recorre las bibliotecas de España requisando todos los ejemplares de su obra para esconderlo


¿Qué era difícil predecir esta crisis que padecemos? Hombre, para mi si, pero para un economista que se precie… Cualquier persona con una mínima capacidad para la observación ya se daba cuenta, a finales de 2006, que la economía estaba recalentada, que las viviendas se pagaban por el doble de lo que valían y que todo el mundo vivía por encima de sus posibilidades endeudándose con créditos baratos que los bancos (y cajas de ahorros) concedían sin ninguna precaución. Si un catedrático en Economía Aplicada hacía caso omiso a todos estos indicios y creía que el crecimiento económico sería eterno… La única explicación que le encuentro a tan descabelladas previsiones es que éstas respondían a los intereses de quien pagaba y publicaba el estudio.

Supongo que ése es el gran problema de la profesión: que muchas veces, se tienen que hacer predicciones “que vendan” para poder subsistir. Me viene a la cabeza aquel chiste en el que un economista se presenta a una entrevista de trabajo y el entrevistador le pregunta a qué es igual dos más dos. El economista se levanta, cierra la puerta, baja la persiana, aproxima su silla a la del entrevistador y, en voz baja, dice “¿A qué desea usted que sea igual?”

Ojala me tenga que comer todas mis palabras y la economía española necesite esos siete millones de inmigrantes en el año 2020. Significaría que habríamos salido de esta maldita crisis.  
Les aseguro que yo si que reconocería mi error. Y con mucho gusto.