domingo, 16 de marzo de 2014

Los bonos catástrofe disparan su rentabilidad



Habitualmente,  en el mundo de las finanzas el inversor suele ganar más dinero cuando las cosas le van mal a alguien. Una empresa gana más dinero si sus adversarios en el mismo sector quiebran; las acciones de una compañía suben si ésta decide despedir a parte de su plantilla y aumenta con ello sus beneficios anuales; los intereses de los bonos y las letras del tesoro aumentan si se sospecha que un país tiene riesgo de entrar en quiebra; los tipos de interés de los préstamos bajan si la economía entra en recesión…  en resumen, las desgracias provocan beneficios.  Pero esto no siempre es así: hemos encontrado una inversión en la que, si todo va bien, se puede ganar dinero. Mucho dinero. Son los llamados “bonos catástrofe”.

¿En qué consisten estos bonos? Los países desarrollados suelen asegurarlo prácticamente todo, ya sean viviendas, automóviles, cosechas, transacciones financieras,  ventas, transportes, etc.  Y dentro de todos estos seguros, quizá los más voluminosos y caros sean los que previenen a estados, empresas y particulares de los desastres naturales: inundaciones, fuegos, fuertes vientos, etc. Para cubrir los elevados desembolsos que provoca un desastre de este tipo para una compañía de seguros, éstas emiten un tipo de bonos denominado “cat-bonds” para trasladar parte de ese posible desembolso a los inversionistas que los adquieren asumiendo éstos el riesgo asegurador subyacente. Por lo tanto, si no se produce la catástrofe prevista, recupera su principal más los intereses apalabrados. En caso de que ocurra el desastre acordado, el grado de sus pérdidas depende de los términos establecidos en el contrato y la magnitud del evento.


Las primeras operaciones realizadas con estos “bonos catástrofe” se remontan al año 1994, aunque empezaron a ganar presencia a mediados de la pasada década. Se estima que en 2013, aseguradoras y reaseguradoras distribuyeron cat-bonds por 7.642 millones de dólares; una cantidad todavía pequeña si la comparamos con otro tipo de  emisiones pero que año tras año va en aumento.  Los principales inversores suelen ser fondos de pensiones con vocación de inversión de largo plazo.

¿Qué rentabilidad se puede obtener? Por supuesto, siempre dependerá de que ocurra o no una catástrofe natural concreta, pero los rendimientos obtenidos en la última década son como para quitarse el sombrero: la rentabilidad media en la década comprendida entre 2002 y 2011 fue del 8,4%. Y va a mejor ya que en 2012 se llegó al 10,3% y en 2013 se alcanzó la friolera del 10,9%.

¿Por qué estas rentabilidades tan altas? Fundamentalmente por dos motivos: el primero es porque con la sensibilización lograda con las previsiones apocalípticas sobre el cambio climático, se ha conseguido que cada vez sean más los habitantes del planeta que aseguran sus bienes. El segundo… pues que esas previsiones no se están cumpliendo y no han aumentado (más bien han disminuido) los desastres naturales. Al menos en las zonas donde las compañías han asegurado a sus clientes.

No hay duda de que la popularidad alcanzada en los últimos años por el calentamiento global y el cambio climático le ha venido muy bien a las compañías de seguros y a los inversores en general, ¿verdad?