domingo, 26 de octubre de 2014

Los bonus y los sueldos variables de los directivos pueden impedir la recuperación económica



En los medios informativos, sobre todo en los económicos, suelen aparecer noticias del tipo “los directivos del banco X han cobrado 3 millones de euros en bonus” o “los miembros del consejo de la eléctrica Z se repartirán 5 millones en bonus este año”, noticias que, habitualmente, provocan la indignación en la ciudadanía, más aun en épocas de crisis. ¿Qué narices son esos bonus y cómo pueden ser tan elevados?, se pregunta más de uno.

Los bonus son, básicamente, un premio que cobran algunos trabajadores (principalmente los directivos de grandes empresas) cuando cumplen unos objetivos de beneficios previamente estipulados. Si, por ejemplo, el objetivo de una empresa es que su beneficio (o su facturación en algunos casos) aumente más de un 10% con respecto al año anterior, en caso de conseguir este aumento, los directivos obtendrán un pago en metálico o en acciones de la compañía cuando rindan las cuentas anuales. Éste premio complementa los sueldos, ya de por si elevados de estos profesionales. Estas remuneraciones millonarias provocan estupor e indignación en la población y muchos achacan a estos pagos la crisis que vive nuestra economía.

Ni que decir tiene que nuestras penurias económicas no provienen de estas remuneraciones; un desembolso que en muchas ocasiones no llega ni a un 1% de sus beneficios, no provoca ningún problema en estas compañías ni, por su puesto, causan los ERE que algunas de ellas aplican a pesar de tener beneficios y que algunos relacionan con estos bonus. Además, el principio en que se basan es acertado: premiar el trabajo bien hecho nunca puede ser perjudicial y sería muy peligroso que los dirigentes se acomodasen con unos sueldos fijos que no diferenciasen el éxito de la mediocridad en su gestión.


Sin embargo, empiezan a surgir algunas voces autorizadas que discrepan de las bondades que esta práctica tiene sobre la salud financiera de las empresas que la practican y sobre la economía en general.

Es la opinión que Andrew Smithers, un ejecutivo de la City londinense que fundó su propio bróker en 1989 tras dejar el banco de inversión SG Warburg, refleja en su último libro, titulado The Road to Recovery (El camino de la recuperación). Según este economista, el motivo principal de la tortuosa salida de la crisis en Estados Unidos y Reino Unido hay que buscarlo en la política salarial de los altos ejecutivos de las empresas.

"El problema estructural clave que está impidiendo que la capacidad productiva de las economías sea totalmente utilizada es el cambio en la forma en que los directivos de las empresas se comportan. Y este cambio es una consecuencia del sistema de remuneración a esos ejecutivos", afirma el autor. Para justificar este planteamiento, Smithers afirma que “en los últimos 20 años, los salarios básicos han subido, pero los bonus han aumentado incluso más rápido, hasta el punto de que dominan los ingresos de las personas que gestionan las firmas". Por ello, “los directivos no tienen incentivos para realizar inversiones a largo plazo, ya que cobran más si los beneficios suben a corto plazo, al depender los bonus de cambios en los resultados por acción, en la rentabilidad sobre el capital o en los precios de la acción".

En resumen: los directivos prefieren no invertir en equipamiento y crecimiento orgánico y dedicar el dinero a recomprar acciones en bolsa, subir los precios de sus productos en el mercado (ampliando márgenes de beneficio) o realizar adquisiciones de otras compañías. Con ello, animan las cotizaciones y beneficios a corto plazo e impulsan la remuneración variable que tan bien les viene a ellos.

¿Soluciones? El señor Smithers no tiene la varita mágica, pero propone que los bonus deberían depender más del crecimiento en las inversiones o en el nivel de producción y menos en los resultados trimestrales de las compañías.

Interesante planteamiento sobre la situación actual de la economía global. Y, posiblemente, cierto. Si no, no se explica la débil recuperación actual de la economía mundial a pesar de los agresivos intentos realizados en política fiscal y monetaria por los gobiernos de medio mundo. Según dicen, los mayores desde la Segunda Guerra Mundial.