martes, 8 de noviembre de 2011

Alzira instaura su propia moneda e impone medidas proteccionistas a sus ciudadanos



Al igual que en otros muchos municipios, el Ayuntamiento de la localidad valenciana de Alzira realizó una emisión en moneda local en el año 1937 (plena Guerra Civil Española) por valor de 50.000 pesetas, en billetes de 0.25, 0.50 céntimos y una peseta. Ante la escasez de moneda circulante en esos difíciles años, se tomó esta decisión con el fin de reactivar un tanto el comercio de la localidad y que sus habitantes pudieran abastecerse de los productos básicos de supervivencia. 


Pasado el tiempo y ante una situación económica muy difícil como la que estamos viviendo en la actualidad (aunque a años luz de las penurias sufridas durante aquella nefasta época), la actual alcaldesa de la localidad, Elena María Bastidas Bono, del Partido Popular, ha decidido recuperar aquella “exitosa” medida y a partir del próximo 1 de enero realizará los pagos de las ayudas y subvenciones en materia de empleo, vivienda o educación que otorga su Ayuntamiento en una especie de moneda propia que sólo se podrá utilizar en las empresas y comercios de la localidad.

Aunque se sabe que esta moneda no será de papel o metal, todavía no se ha definido el sistema con el que se realizarán estos pagos (presumiblemente será con una carta de pago o con una especie de tarjeta de crédito). El objetivo final será revitalizar la economía de la localidad.

Las palabras del concejal de Promoción Económica de Alzira, José Luis Palacios, no dejan lugar a las dudas: “se trata de que el dinero que se genera en Alzira no vaya a utilizarse fuera, sino que se quede aquí". "Hay que ayudar al comercio local y a la economía", y añadió que "cada ayuntamiento tiene la responsabilidad de ayudar al comercio de su localidad y no al de otras foráneas".   


De todas las medidas económicas que las administraciones públicas están aplicando en estos últimos meses, esta es, sin ninguna duda, la más estrafalaria; un retorno a la autosuficiencia y las medidas proteccionistas imperantes en nuestro país en la época más dura del franquismo. ¿En serio creen que con el millón de euros de las ayudas municipales van a revitalizar al comercio y a las empresas alcireñas?  Mucho me temo que conseguirán todo lo contrario. Me explico.

Alzira, capital de la comarca de la Ribera Alta, es una localidad de 44.756 habitantes (censo 2010) cuyo término municipal limita con 19 poblaciones (Alberique, Algemesí, Gabarda, Antella, Benifairó de la Valldigna, Benimodo, Benimuslem, Carcagente, Corbera, Favareta, Guadasuar, Llaurí, Masalavés, Polinyá del Júcar, Benicull, Simat de la Valldigna, Sumacárcel, Tabernes de Valldigna y Tous). Además, debido al desarrollo demográfico y urbanístico del último siglo, los cascos urbanos de Algemesí,  Alzira y Carcagente se encuentran prácticamente unidos, formando de hecho una conurbación con cerca de 95.000 habitantes, siendo el segundo núcleo de población de toda la provincia de Valencia.

Gracias al gran desarrollo económico que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX, Alzira pasó de ser una población eminentemente agrícola (dedicada fundamentalmente al cultivo y comercio de la naranja) a ser una ciudad industrial y de servicios que la ha convertido en el motor económico de la comarca, acaparando la mayor parte de la oferta de ocio y servicios de la zona que generan gran cantidad de puestos de trabajo directos e indirectos. Según datos de su propio Ayuntamiento, el 94,7% de los visitantes que acuden a la ciudad (procedentes en su mayor parte de los numerosos pueblos limítrofes) lo hacen para realizar compras.

¿Qué pensarán estos compradores de la medida proteccionista del Ayuntamiento de Alzira? ¿Continuarán acudiendo a realizar sus compras a Alzira mientras los alcireños no podrán hacer lo propio en sus localidades? ¿Sus Ayuntamientos implantarán esas mismas medidas proteccionistas con el fin de revitalizar sus maltrechos comercios locales? 


Le propongo a la señora Bastidas que sus “novedosas” medidas contra la crisis no se detengan ahí y que, a partir de ya, potencie también sus industrias prohibiendo la venta de cualquier producto que no se haya fabricado en su ciudad. Suponemos que algunas importantes empresas oriundas de la localidad como Helados Nestlé, Grefusa, Ediciones Bromera, etc. no estarían muy de acuerdo con la medida ya que sería difícil que subsistieran vendiendo sus productos en un mercado de sólo 45.000 compradores.   

El libre comercio es uno de los principales motores de crecimiento de las sociedades modernas. En la Ribera Alta parece que han tomado la decisión de volver a la Edad Media y acabarán cobrando peajes por atravesar los puentes que cruzan el río Júcar.

Esperemos que el señor Rajoy no siga el ejemplo de su compañera de partido. ¿Imaginan que los españoles no pudiésemos gastar ni un euro fuera de nuestras fronteras?