lunes, 7 de abril de 2014

En cinco años, la mayoría de los catalanes votaría por la independencia



Aunque no se legalizó hasta varios años después, apenas murió Franco y bastante antes de la aprobación de la Constitución, las comunidades bilingües iniciaron la enseñanza de su lengua propia en los colegios. Se lo digo con conocimiento de causa porque pertenezco a una de ellas y a mí me cogió esta época, clave en nuestra historia, en los últimos cursos de la extinta EGB. 

Cursaba mis estudios en un colegio religioso (concretamente de los Salesianos) y en el año 1976 a uno de los curas se le ocurrió introducir la enseñanza de nuestra lengua vernácula en el programa del curso. Aunque realizábamos exámenes (que, por supuesto, no contaban como “notas oficiales”), la asignatura era muy agradable. El cura-profesor ya se encargaba de conseguirlo introduciendo juegos, salidas culturales, música, concursos, chistes, cuentos y cualquier otra actividad que pueda agradar a chavales preadolescentes. Y en todas estas actividades, no dudaba en ensalzar las bondades de nuestra cultura regional y en criticar (sin exagerar demasiado,  que las cosas aun no estaban claras) a los opresores llegados del centro de la península que nos habían impuesto su lengua y su cultura. ¡Para que luego los nacionalistas critiquen al clero!

Imaginen la situación creada: chavales a los que les costaba aprender matemáticas, lengua o geografía, se encontraban con una asignatura en la que el notable era la nota más baja que se podía obtener y en la que, además, disfrutaban. ¡Aquello del nacionalismo debía de ser la repera!


Con el paso del tiempo, la enseñanza de las lenguas vernáculas fue legalizada y, poco a poco, se fue imponiendo al castellano hasta llegar a la situación actual en la que ésta última lengua prácticamente ha desaparecido de las aulas.

¿Quiénes fueron los profesores encargados de enseñar esta segunda lengua a los alumnos, sobre todo al principio de este proceso? Naturalmente aquellos a los que les importaban estas cuestiones nacionalistas y que vieron en esta nueva asignatura la posibilidad de mejorar en sus carreras y, ¿por qué no?, de inculcar en sus alumnos ese sentimiento que a ellos tanto les gustaba.

Desde el primer día, estos profesores que, en teoría, solo debían enseñar una lengua (como si fuera inglés o francés) se encargaron de inocular en los estudiantes (con el beneplácito de los políticos del “país”) el germen  del nacionalismo ensalzando las costumbres, la cultura e incluso la raza de los habitantes de sus regiones y criticando todo lo que venía de fuera, sobre todo si procedía de Madrid. Lo suyo era lo mejor, lo más culto, lo más humano, lo más solidario, lo más inteligente y lo más valioso y los demás  solo eran opresores incultos que ayudados por la fuerza y por leyes partidistas, se aprovechaban de sus riquezas para robarles y maltratarles. Como no podía ser de otra forma, el mensaje fue calando poco a poco entre los influenciables alumnos provocando que la mayoría de ellos viera con buenos ojos un utópico futuro nacionalista.


A pesar de estar aleccionados desde pequeños, las personas, por naturaleza, solo nos preocupamos por nuestro día a día y no solemos imbuirnos en estos temas tan trascendentales; mientras las cosas (y me refiero sobre todo a temas económicos)van bien, todo lo demás pasa a un segundo plano. Pero cuando la vida se tuerce…

Y éste era el momento que estaban esperando los políticos nacionalistas: “la culpa de nuestros males económicos viene de Madrid (que nos roba) y no tendríamos crisis si fuésemos independientes”. Dos pájaros de un tiro: esconden su inoperancia y promueven el independentismo que les hará vitalicios en sus cargos políticos.


Por intereses partidistas, ningún gobernante del estado central ha hecho nunca nada que contrarrestase esta propaganda interesada.  Ahora llegan tarde. La semilla lleva décadas esperando germinar y la crisis económica ha sido esa lluvia que estaban esperando.

Si se celebrase la tan anunciada consulta por el derecho a decidir, ¿cuál sería el resultado? Llevan más de 35 años convenciendo a los alumnos de las bondades del nacionalismo. Los primeros estudiantes que pasaron por este trance rondarán los 50 años, o lo que es lo mismo,  cerca de la mitad de los votantes del hipotético referéndum ya han sido aleccionados. En apenas cinco años, serán mayoría. 
Y este mismo cálculo es el que han realizado los independentistas; de ahí  su urgencia por que se lleve a cabo. La crisis económica  no durará siempre. ¡Hay que aprovechar el momento!