miércoles, 5 de octubre de 2016

La historia de Javier, el primer Erasmus sordociego de Europa



La mayoría de las personas nos desmoralizamos ante la primera adversidad que se cruza en nuestro camino. Afortunadamente, no todo el mundo es igual. Les traemos la historia de superación de un joven que a base de esfuerzo, tesón y, porque no decirlo, inteligencia, está superando todas las zancadillas que le pone la vida.

Javier García Pajares es un joven de 25 años nacido en Plasencia. En plena adolescencia, a los 14 años, comenzaron a aparecer los síntomas de su enfermedad no diagnosticada. Los resultados de las audiometrías a las que se sometió eran normales, pero su incipiente sordera no tenía relación con el volumen; simplemente, había dejado de entender el significado de los sonidos. De la noche a la mañana, Javier se convirtió en el chico distraído de la casa y en el marginado en el colegio, sufriendo constantes acosos por parte de sus compañeros y profesores. Pronto se aisló, dedicando todo su tiempo al ordenador y a la consola de videojuegos.  

Pero las desgracias nunca llegan solas y a los 15 años deja de ver (apenas le quedan restos visuales en la zona periférica de los ojos que le permiten ver borroso) y sus problemas se agravan, dejando de asistir durante dos años al instituto.

Su vida cambió cuando decidió afiliarse a la Fundación ONCE: terminó el bachillerato y emprendió la aventura de una doble carrera –derecho y administración y dirección de empresas- convirtiéndose en un estudiante de sobresaliente en la Autónoma de Madrid.

Sin embargo, Javier no se detiene ante nada y al surgir la posibilidad de cursar parte de su sexto año de carrera en el extranjero, no lo dudó ni por un instante, convirtiéndose así en el primer Erasmus sordociego de Europa, trasladándose a principios de septiembre a Londres.


Lo  que para cualquiera sería un cambio brusco en sus vidas, para Javier lo es mucho más. El joven domina a la perfección el Braille, además del alfabeto dactilológico en la palma de la mano y mecanografía, pero vivir en Inglaterra era otra cosa y tenía la imperiosa necesidad de aprender inglés. ¡Y sin escuchar! No le fue nada mal y en tan solo 56 horas de clase alcanzó el nivel B2 europeo (intermedio alto). La profesora que le ayudó le enseñó sobre todo pronunciación ya que para Javier es muy importante poder hablar en inglés y que se le entienda.

Su día a día en la capital inglesa empieza en su habitación adaptada en la residencia de la Regent´s University London, universidad ubicada en el famoso parque del mismo nombre. Desde que llegó, ha paseado por los alrededores del parque y del campus, memorizando el camino al supermercado más cercano y al gimnasio. A los tres días de su llegada, se aventuró y decidió salir solo, sin su acompañante. Para comunicarse con alguien, le pedía que escribiese en letras mayúsculas con su dedo índice sobre la palma de su mano, para luego contestarles oralmente. Pronto paseó por Londres saboreando el tradicional fish and chips.



Según Lorena Gonzalo, sus “ojos y oídos” en Madrid, Javier es un “cabezón” que cuando se empeña en algo no lo suelta hasta que lo consigue. Sin duda, una buena ración de esa cabezonería nos haría falta a muchos, ¿no creen?