jueves, 6 de octubre de 2011

Los bancos están tranquilos: la “tasa Tobin” la pagaremos entre todos



Una de las reivindicaciones más antiguas de las izquierdas de medio mundo está en vías de hacerse realidad; la denominada “tasa Tobin” o impuesto global a las transacciones financieras empieza a sumar adeptos entre los mandatarios europeos. Ya saben: la crisis aprieta, los políticos ya no saben de donde sacar más dinero para continuar gastando a manos llenas y eligen la medida que más aceptación tiene entre la ciudadanía para lograrlo: que paguen los que más tienen, o sea, los bancos. 

José Manuel Durao Barroso, Presidente del ejecutivo europeo, propondrá en la próxima reunión de los líderes del G-20 a celebrar el próximo mes en Cannes que se cree una tasa global que gravará todas las transacciones que realicen los bancos de todo el mundo. Barroso calcula que sólo en la Unión Europea este nuevo impuesto supondría unos ingresos de 55.000 millones de euros anuales; un bocado muy apetitoso para cualquier gobernante.


En lo primero que pensé al escuchar la noticia fue en la incongruencia de la medida. Si la mayoría de los bancos están medio quebrados y los estados los están rescatando con dinero público (el último el banco franco-belga Dexia) ¿cómo pretenden que paguen un nuevo impuesto? La respuesta es clara: o no tienen problemas o no van a pagar esta tasa. Como sabemos que lo primero no es verdad, nos decantamos por la segunda solución: no pagarán la “tasa Tobin”. Entonces, ¿quién correrá con esos gastos? Suponemos que ya lo habrán adivinado.

Les ponemos un ejemplo: hasta junio, los bancos estadounidenses cobraban un promedio de 44 centavos (32 céntimos de euro) por cada transacción media (de unos 40 dólares) hecha con tarjeta de débito. A partir de esa fecha,  la Reserva Federal puso en práctica una de las disposiciones de la Ley Dodd-Frank aprobada un año antes a petición del “Robin Hood americano” Barak Obama y  decidió que las comisiones bajaran a 24 centavos de dólar (17,6 céntimos de euro). Los bancos, como no podía ser de otra forma, empezaron a aplicarla.

Apenas pasados tres meses de aquella fecha, Bank of America, la mayor entidad de EEUU por activos, ha avisado que va a cobrar 5 dólares (3,67 euros) a cada cliente que tenga una cuenta con tarjeta de débito. Otros dos grandes bancos, J.P. Morgan Chase y Wells Fargo, así como muchos otros “menores” están estudiando medidas similares y tan sólo Citigroup se muestra reacio, al menos de momento, a cargar esa tasa a los clientes.


Aunque la cantidad que van a cobrar es pequeña (ojala pagásemos aquí esas cuotas), multiplíquela por los centenares de millones de tarjetas que circulan por los Estados Unidos y comprobarán que una buena parte de los 6.600 millones de dólares que dejarán de ingresar los bancos con la medida de la Reserva Federal están amortizados. ¿Quién lo pagará? El sufrido usuario bancario. Porque estamos seguros que los comercios no rebajarán sus precios al tener que pagar unos centavos menos por cada operación. Por lo tanto, el consumidor tampoco se beneficiará de una hipotética rebaja al pagar con su tarjeta de crédito.

¿La “tasa Tobin” nos sacará de las penurias económicas? Opinen ustedes, pero no olviden aquello de que “la banca siempre gana”. ¿Y quien pierde?