jueves, 27 de octubre de 2011

A la mayoría le importa un bledo las calorías que consume



Que si, que si, que muchas “dietas Dunkan”, que mucho gimnasio, que mucho no picar entre horas y al final... cuando nadie nos ve y ya no tenemos que aparentar, nos atiborramos de todo aquello que está prohibido. Es como con los documentales de “la 2”: que todos dicen que los ven y, sin embargo, es la cadena que más baja audiencia tiene.

La obesidad se está convirtiendo en uno de los principales males de la sociedad occidental. Se estima que para 2030, más del 85% de los estadounidenses tendrá sobrepeso y que el 50% de los adultos de ese país será obeso. En España las cosas no andarán mucho mejor ya que en la actualidad, el 45% de los niños españoles tiene sobrepeso según un estudio realizado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). 

Para tratar de atajar este problema, las autoridades de muchos países han obligado a los fabricantes a informar del contenido calórico en los envases de los alimentos y su contenido en grasas o azúcares. ¿Miramos los consumidores estos datos?


Para comprobarlo, el departamento de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Minnesota (EEUU), han realizado un estudio de lo más “revelador”. Cogieron a 200 consumidores y les preguntaron si hacían caso a las informaciones que aparecían en las etiquetas de los productos. El 33% de ellos informó que casi siempre miraba el contenido calórico, el 31% señaló que se fijaba casi siempre en el contenido de grasas totales, el 20% decía lo mismo en relación a las grasas trans y el 24%, en cuanto al contenido de azúcares.

Pero el estudio tenía “trampa”: mientras este grupo de 200 personas realizaba su compra, una cámara registraba sus movimientos oculares al coger 64 de los alimentos a la venta. Los resultados de esta cámara fueron demoledores: apenas un 9% de los participantes realmente miró el contenido calórico de casi todos los productos, y alrededor de un 1% de ellos echó un vistazo a cada uno de los componentes mencionados. Y eso sabiendo que estaban realizando un estudio relacionado con la nutrición; ¡imaginen cuantos mirarán la información al realizar con prisas la compra semanal en el supermercado de la esquina!

La cosa no termina ahí. A casi todo el mundo se le llena la boca echando pestes de los restaurantes de comida rápida y a la tan denostada “comida basura” que sirven. Eso si, esos mismos que los critican no dudan en visitarlos en repetidas ocasiones cuando están en otra ciudad diferente de la suya o cuando se encuentran de vacaciones. Será porque allí no les conocen.

En el año 2008, la ciudad de Nueva York obligó a que todos los restaurantes de comida rápida informaran mediante el etiquetaje de sus productos del número de calorías que se ingería. Pasados tres años, sólo un 15% de los clientes de estos restaurantes elige uno u otro plato atendiendo a las calorías que informa el etiquetaje de cada uno. Además, la media de calorías consumidas por comensal apenas se ha reducido en este tiempo.

Pero no todo es malo; las cadenas de comida rápida se han dado cuenta de que puede resultarles rentable el tema del sobrepeso (al menos en el futuro) y se han puesto manos a la obra para que no les pille desprevenidos: en sus cartas ya se pueden encontrar ensaladas o menús bajos en calorías y en Estados Unidos, McDonalds ya ha anunciado que en los próximos meses sustituirá las patatas fritas por rodajas de manzana en los menús de los más pequeños. Algo es algo. 

¿Sabían que el peso medio de los españoles aumenta un cuarto de kilo al año? De no tomar medidas, pronto adelantaremos a los Estados Unidos.

Cuídense, coman con moderación y practiquen algún deporte. Que no es por su estética (que también); que es por su salud.