sábado, 10 de mayo de 2014

El timo de los impuestos medioambientales




La reforma fiscal que prepara el Gobierno de Mariano Rajoy está al caer y con ella parece que llegará toda una batería de impuestos denominados “verdes”, muchos de ellos ordenados desde la Comunidad Europea. Seguro que muchos de ustedes pensarán que ya que hay que pagar impuestos, mejor que sean de este tipo que, al menos, preservan el medio ambiente y la salud de los ciudadanos. Pero, ¿seguro que lo consiguen?

Les pongo un ejemplo: estamos cansados de escuchar aquello de que los coches que más contaminen, que paguen más impuestos. ¿Y esto de qué le serviría al ciudadano de a pie? De nada. Quien tuviese un coche contaminante pagaría más… pero continuaría contaminando y todos nosotros seguiríamos respirando humo y malos olores. ¿O acaso van a instalar con ese dinero grandes extractores en el centro de las ciudades que eliminen esa contaminación? El impuesto sólo servirá para llenar las arcas del Estado y permitirá a los políticos que nos gobiernan (o mal gobiernan, como prefieran) continuar con su frenético ritmo de gastos. Si un coche contamina en exceso no tiene que pagar más; lo que tiene que hacer es desaparecer de nuestras calles.

En Europa se quiere hacer algo parecido con los aviones y está a punto de aprobarse una normativa que gravará los vuelos que despeguen o aterricen en nuestro continente. ¿Se dedicará el dinero recaudado a estudiar alternativas a la contaminación que provocan o servirá para ayudar a pagar los faraónicos gastos del Gobierno de Bruselas?

Y podríamos continuar con otras demagogias como que se suben los gravámenes a las gasolinas (más de la mitad de lo que vale un litro de gasolina son impuestos) para que utilicemos menos el coche y no contaminemos; se masacra con impuestos al tabaco y al alcohol para que no los tomemos y mejoremos nuestra salud; las empresas pagan un canon por los envases de sus productos cuando después la recogida de basura la pagamos entre todos… Y así centenares de impuestos demagógicos  que pagamos de nuestros bolsillos.


Lo más increíble es que todos pagamos los impuestos. Y muchos sin ni siquiera rechistar. ¡Nos parecen justos! Pero, ¿qué hay de justo en pagar por la ORA cuando ya pagamos el impuesto de circulación? ¿O en pagar un impuesto de sucesiones cuando les dejamos en herencia nuestra casa o nuestro dinero a nuestros hijos? O el IBI: ¿por qué me tiene que cobrar el Ayuntamiento por poseer una vivienda? ¿qué gasto le provoca mi casa para que me masacren todos los años? Y los impuestos medioambientales son iguales o peores. Lo que sucede es que nos parecen más justos y necesarios al ir etiquetados como “verdes”. Así nos dejamos tomar mejor el pelo.   

Necesitan cobrar impuestos para vivir como reyes en el poder; necesitan dinero para enchufar a todos sus amigos en la administración y poder pagar millones de sueldos públicos; necesitan disponer de una buena caja con la que comprar al electorado con subvenciones y ayudas. Les gusta mandar y eso cuesta mucho dinero: el que pagamos usted y yo con los impuestos.