miércoles, 18 de marzo de 2015

Hielo de metano, la próxima revolución energética mundial



Hace apenas una década se empezaba a hablar de un “nuevo tipo de petróleo”, los hidrocarburos no convencionales, shale oil y shale gas (aunque, realmente, son petróleo y gas normales, lo que no es convencional es la forma de extraerlo con el polémico “fracking”). Pocos creían en esta nueva fuente de energía. A día de hoy, este tipo de hidrocarburo ha logrado cambiar el panorama energético mundial y es una de las causas (aunque no la única) de que el barril de petróleo haya bajado en el último semestre más de un 50%.

Sin embargo, el mundo cambia muy rápido y ya se empieza a hablar de una nueva revolución energética. Y esa revolución vendrá del ¡hielo! Como lo leen, a simple vista parece hielo normal pero si se le acerca una llama, empieza a arder… porque está lleno de gas metano.

Existen muchas formas de denominarlo: hidratos de metano, hielo de metano, hielo ardiente…  en realidad se trata de moléculas de gas metano que han quedado atrapadas en otras moléculas mayores de agua congelada. Unas estructuras en forma de jaula formadas por la combinación de bajas temperaturas y alta presión que se encuentran en grandes cantidades en los lechos marinos, a partir de los 500 metros de profundidad y en el suelo de las regiones polares, a partir de 150 metros.


Según las estimaciones de diferentes servicios geológicos y energéticos internacionales, las reservas de hidratos de metano repartidas por todo el mundo pueden superar a las de petróleo, gas natural y carbón juntas. Es más, los datos del Servicio de Geología de Estados Unidos apuntan a que la acumulación de este “hielo ardiente” puede ser hasta 100 veces mayor que las reservas de shale gas estimadas en EEUU.  Y por si faltara poco, su intensidad energética es muy superior a la del gas metano convencional: un metro cúbico de hidrato de metano equivale a 164 metros cúbicos de gas metano.

La existencia de los hidratos de metano ya era conocida por los científicos en el siglo XIX, pero sólo como una construcción teórica que se consiguió replicar en laboratorio. Fue en la década de los 60 del siglo pasado cuando la extinta Unión Soviética se lanzó a la búsqueda de este hidrocarburo en Siberia y en 1971 descubrió en el lecho del Mar Negro la existencia real de los hidratos. En la actualidad, Estados Unidos, Corea, Canadá, China e India tienen programas activos de investigación en este campo, pero es Japón quien parece que lleva la delantera. En 2013 fue el primer país en conseguir extraer hidratos de metano de manera continuada en la fosa de Nankai y a principios de 2015 han repetido el éxito en la costa norte del país.


Sin embargo, la extracción de este “maná” del fondo del mar todavía tiene que superar un par de problemas importantes: las dificultades técnicas y los problemas medioambientales que pudieran ocasionar.

Los científicos vienen utilizando diferentes técnicas para la extracción y aprovechamiento del metano. En un principio se utilizó la estimulación térmica: inyectar un fluido caliente o vapor para descongelar el agua y liberar el metano. El método fue rechazado pronto ya que se desaprovechaba mucho calor y solo se podía utilizar si existían capas muy porosas que permitieran penetrar a los líquidos calientes.     

Actualmente se están empleando otros métodos como la inyección de productos químicos para desestabilizar el hidrato de metano, la inyección de CO2 a alta presión que lograría liberar el metano dejando el hidrato intacto y, el que parece más factible y económico, la despresurización, consistente en cambiar la presión para disociar las moléculas de agua y las de metano. Ya conocen la famosa cita: “Si a un ingeniero le das tiempo y dinero suficientes, encontrará una solución. Nunca apuestes contra in ingenio humano”


En cuanto a los problemas ecológicos, como suele ser habitual, existen discrepancias entre quienes defienden el progreso que pudiera conllevar esta energía y quienes creen que podría acabar con el mundo tal como lo conocemos. Intentando encontrar la objetividad, decir que el uso de metano como combustible es menos contaminante que la quema de petróleo o carbón, pero el metano es entre 15 y 20 veces más nocivo como gas de efecto invernadero que el CO2. Además, existe el peligro de que durante la extracción se puedan producir corrimientos del suelo submarino facilitando la liberación del metano a la atmósfera. Los más catastrofistas (que siempre los hay) afirman que el calentamiento global podría elevar la temperatura de los océanos, descongelar el suelo ártico, descomponer los hidratos y liberar el metano a la atmósfera, lo que a su vez agravaría el cambio climático, como en un bucle infinito.  

El tiempo dará o quitará la razón a los unos o a los otros. ¿Cuánto tiempo? No mucho; se calcula que se podría tener la tecnología necesaria para la extracción en 2018 y que se iniciaría la comercialización del metano entre 2023 y 2027. Estaremos atentos a las novedades.