martes, 5 de mayo de 2015

Pago 184 días anuales en impuestos… ¡y Podemos me los quiere subir!



Pronto, demasiado para mi gusto, suena el despertador. Funciona a pilas porque no me fío que un repentino corte de luz nos fastidie el día a toda la familia. Pues bien, desde ese mismo momento, estoy pagando impuestos. En este caso, el impuesto sobre el reciclaje de pilas

Antes de poner un pié en el suelo enciendo la luz y empiezan a cascarme el impuesto eléctrico que financia a las comunidades autónomas, el de generación y el de la distribución de la electricidad. Por supuesto, cuando aprieto el botoncito de la cafetera ocurre lo mismo, igual que con la tostadora del pan. Abro la ducha y desde ese mismo instante pago el impuesto especial sobre hidrocarburos (mi caldera funciona a gas) además de los impuestos especiales sobre depuración y contaminación de las aguas. Llego justo a la cocina para comer una de esas “maravillosas” magdalenas envasadas y tras zampármela de un bocado, tiro el envoltorio a la papelera. ¡Impuesto nuevo! La tasa de recogida de basuras.   

Llego al garaje (IBI sobre la plaza de aparcamiento), subo la cuesta y salgo a la calle donde me toca pagar un vado (tasas por entradas y salidas de vehículos) para que casi nunca me bloqueen el paso. Continúo pagando el impuesto de vehículos de tracción mecánica, el impuesto sobre hidrocarburos cuando le pongo gasolina, el impuesto de primas de seguro porque me obligan a tenerlo asegurado y el impuesto de circulación porque, al parecer, las ruedas de mi coche destrozan el asfalto.

Por el mero hecho de “disfrutar” trabajando, me retienen una quinta parte de mi sueldo (IRPF), aparte de las cuotas a la Seguridad Social (impuesto porque no son voluntarias; me imponen pagarlas) y siempre con la amenaza de que me la van a aumentar.


Durante todo el día habré fumado 4 o 5 cigarrillos (80% de lo que cuestan se va en impuestos; impuesto sobre las labores del tabaco entre ellos) y al salir del trabajo nos metemos en un bar un par de compañeros para tomarnos una cerveza (impuesto sobre el alcohol y bebidas derivadas).

Y todo el día, ¡todo el santo día! pagando el dichoso IVA por todo lo que se consume o se compra, ya sean productos básicos en el supermercado, el periódico, los zapatos, la ropa del bebe o el croissant de la panadería. Incluso lo pago una vez añadidos todos los impuestos que he mencionado antes. Porque, ¡qué cara tienen!, los impuestos también pagan IVA.

Cuando llego a casa (IBI de la vivienda), continúo pagando impuestos cuando ceno, cuando veo la televisión y cuando consulto mi correo electrónico. Incluso cuando, agotado, caigo en brazos de Morfeo, pago impuestos, porque ¿alguien apaga la nevera cuando se va a dormir?

Y que conste que me he dejado muchos, muchísimos impuestos.

Todo esto se traduce en que el Estado me confisca anualmente todo lo que gano durante 184 días a base de impuestos. ¡Y en la edad media se quejaban de los diezmos!  Hasta el día 3 o 4 de julio solo trabajo para ellos. ¿Por qué? Pues porque nos hacen creer que no sabemos administrar nuestro dinero y que necesitamos un “padre” que asuma las responsabilidades que cada uno debería asumir individualmente. Un padre que nos proporcione educación gratuita (con los temarios que ellos imponen), una sanidad universal (y costosísima) y una subvención de vez en cuando en forma de becas para nuestros hijos, ayudas para la compra de vehículos nuevos o descuentos a la hora de adquirir esa prótesis que nos ayudará a caminar. Unas contraprestaciones ínfimas que podría pagar tranquilamente de mi bolsillo si no me lo hubiesen vaciado antes. Es la labor del político: recaudar todo lo que se pueda para comprar votos con subvenciones, obras innecesarias y puestos de trabajo para los amiguetes y quedarse con lo que sobre.   

Pues, al parecer, todavía hay quien cree que me puede exprimir más. Bajo el rimbombante título de “Propuesta de programa económico: la reforma fiscal que España necesita” el círculo 3E de Podemos ha publicado sus propuestas en materia tributaria para el partido. Lo que será, tal como admiten desde la dirección (ahora ya sin Monedero) de Podemos, la base de sus medidas económicas; el borrador sobre el que el partido de Pablo Iglesias elaborará su programa oficial. Échense a temblar porque lo que han hecho hasta ahora PSOE y PP con nuestros impuestos era una broma.


Como espero que nunca las puedan poner en marcha y no quiero aburrirles, se las resumiré. Si alguien siente curiosidad por conocerlas en detalle, supongo que estará en su web.

- IRPF: aplicación de un tipo impositivo único del 49,5% sobre las rentas, cuya progresividad se realizaría a través de la Renta Básica (7.500 euros por adulto y 2.250 por menor) o con un esquema con muchos más tramos que ahora con un objetivo de recaudación equivalente a ese 49,5%. Sea como fuere, pagaríamos más, mucho más.

- Ahorro: todas las rentas estarán sometidas a una sola tarifa general. ¿Cuál? Pues el 49,5%.

- Deducciones y reducciones: todas fuera. Fuera la compensación entre rendimientos del trabajo y capital mobiliario; fuera la desgravación por gastos fiscales; fuera las reducciones en la base por planes de pensiones y rendimientos del trabajo y fuera las deducciones por vivienda.

- Sociedades: eliminar todos los beneficios fiscales (deducciones y bonificaciones) y un único tipo del 35%.

- IVA: superreducido al 5% y general al 22% (cultura incluido).

- Cotizaciones sociales: eliminar el tope de la base máxima de cotización sin tocar la pensión máxima. Es decir, cotizar hasta el infinito sin cobrar más en la jubilación. También se proponen acabar con loe regímenes especiales y las bonificaciones sociales a la contratación. 

- Reinstaurar Patrimonio, Sucesiones y Donaciones: aumentar sus gravámenes y extender su aplicación a todas las CCAA. Además, pretenden que todos los que declaramos IRPF paguemos también Patrimonio todos los años. 


- Impuestos especiales y ecológicos: aumentar la fiscalidad sobre el tabaco y el alcohol. Subir los impuestos sobre los hidrocarburos y el carbón. Aumentar el impuesto de matriculación y el de circulación. Aplicar tasas por el uso de determinadas infraestructuras e impuestos por circular en ciertas ciudades.

- IBI: modularlo en función del certificado energético del edificio ( menos de un 5% de las viviendas lo poseen en la actualidad) e imponer un recargo especial a las viviendas vacías. Crear un nuevo impuesto por “ocupación” que pagaría el arrendatario o el dueño de la vivienda.

- Impuestos municipales: aumentar el de vehículos, plusvalías, actividades económicas, permisos de obra, tasas…

Como decía aquel discapacitado al que se le rompieron los frenos de su silla de ruedas por las calles empinadas de Lourdes: “Madrecita, que me quede como estoy”.