jueves, 31 de marzo de 2016

El cambio climático ya no vende



Vivimos en un mundo intercomunicado en el que el bombardeo de noticias es constante. Soy de la opinión de que recibimos tal cantidad de información que nuestro cerebro apenas la puede asimilar. Así, lo que ahora es noticia, en apenas unos días, e incluso unas pocas horas, deja de serlo. Da igual si hablamos de un atentado terrorista, de unas elecciones generales, de un desastre natural o del partido de fútbol más importante del año: en muy poco tiempo lo habremos archivado en nuestra mente y nos estaremos preocupando por cualquier otra cosa. ¿Por qué tendría que ocurrir lo contrario con el apocalíptico “cambio climático” que algunos anuncian?

Llevan más de una década bombardeándonos con que el fin del mundo, tal y como lo conocemos, se acerca y que los culpables somos los humanos y nuestra manía de soltar a la atmósfera cantidades ingentes de CO2. Año tras año escuchamos profecías que nos advierten de que si no cambiamos nuestros hábitos, pronto lo lamentaremos; que las temperaturas se dispararán; que el nivel del mar subirá; que muchas especies animales y vegetales desaparecerán; que el hielo de los polos se derretirá… en fin, que el caos y la destrucción se apoderarán de nuestra querida Tierra.

Pero el tiempo pasa y aunque continúen saturándonos con informes científicos que demuestran que el apocalipsis se acerca, las personas solo notan en su piel que en verano continúa haciendo calor y en invierno frío. Las noticias sobre el cambio climático nos las saltamos para leer algo que nos interese más.


Ejemplos hay muchos. El año pasado se celebró la cumbre más importante de la historia (según sus organizadores) sobre el calentamiento global en París

Según las informaciones, en la reunión se consiguieron avances transcendentales y todos salieron de ella felices y satisfechos. ¿Su repercusión en los medios de comunicación? Escasa. Un par de titulares mal contados el primer día y noticia de página quince hasta que finalizó. Si esa poca importancia tuvo en los periódicos, imaginen el interés que causó entre la población. La  inmensa mayoría ni siquiera supo de su existencia. Y no digamos ya de los acuerdos alcanzados. Eso sí: los grupos ecologistas hablaron de la “gran satisfacción” con que toda la humanidad acogió el acuerdo alcanzado.

Otro ejemplo: el sábado 19 de marzo, se celebró la “hora del planeta” en la que todos estábamos llamados a apagar las luces durante una hora en un acto de concienciación sobre los problemas que el excesivo consumo energético provoca en relación con el cambio climático. Medios de comunicación, organizaciones ecologistas, ayuntamientos y grandes empresas se sumaron a la iniciativa. Según sus organizadores, WWF, “en España la participación ha sido multitudinaria, con casi 400 ciudades apoyándonos, un 50% más que el año anterior”. ¿La realidad?  Ni Dios apagó la luz.


Este sábado 19, a las 20:50, justo a la mitad de la “hora del planeta”, la demanda eléctrica en España era de 31.487 MW. Si lo comparamos con sábados anteriores, el sábado 12 fue de 32.196 MW, apenas un 2% más; el sábado 5 de 31.950 MW, un 1,4% más y el sábado 13 de febrero, incluso se consumió menos, 31.175 MW, un 1% menos.

¿Participación multitudinaria? Sí, sí. Pero seguro que si les presentan estos datos, responderán que no tienen importancia ya que el acto era “simbólico”. Más que simbólico, lo que fue es inexistente.

Ante la poca trascendencia que las noticias sobre el calentamiento global tienen entre la población y con el temor de que pronto se les acabe a algunos el chollo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha subido su apuesta catastrofista y en su “Declaración sobre el clima mundial en 2015”, hecho público con motivo del Día Meteorológico Mundial, ha echado el resto y ha aumentado sus amenazas para meternos a todos el miedo en el cuerpo.


Sus afirmaciones “apenas” fueron alarmistas. Según este grupo de sabios, “el clima del año pasado en el planeta hizo historia porque estuvo marcado por temperaturas máximas sin precedentes, olas de calor intensas, un total extraordinario de precipitaciones, sequías devastadoras y una actividad excepcional de los ciclones tropicales”. Vamos, que el mundo sobrevivió al año de forma milagrosa. ¿En qué planeta estuve para no notar nada de todo esto?

Un discurso escandaloso con vistas a llenar de titulares los medios de comunicación, pero que si destripamos un poco, demuestran porqué la humanidad cada vez les sigue menos. Así, el titular reza que “en 2015 la temperatura media global batió, por un amplio margen, todos los récords”, para aclarar más adelante que los valores estuvieron 0,76 grados por encima del periodo comprendido entre 1961 y 1990, un tiempo en que, recordemos, se registraron algunas de las temperaturas más bajas de todo el siglo XX.    

También nos dicen que “en 2015 la extensión de los hielos marinos árticos fue la menor desde que hay datos”, para continuar diciendo apenas unas líneas después que la extensión del hielo marino del ártico observada el pasado 11 de septiembre fue la cuarta más reducida. ¿En qué quedamos? Por cierto, ni una palabra del hielo marino del antártico que crece año tras año.


Alarma sobre “olas de calor excepcionalmente prolongadas con picos extremos”, poniendo ejemplos como que en España se llegó a 42,6 grados. Supongo que en amplias zonas de Andalucía todavía se estarán riendo.

Hablan de “lluvias y sequías estremecedoras”, para aclarar que la precipitación a escala mundial se acercó a la media a largo plazo; que debido al episodio de “El Niño”, fue lluvioso en muchas zonas subtropicales de América del Sur; que hubo sequías que afectaron a zonas del sur de África y que en términos globales, el número de tormentas tropicales, ciclones y tifones del año pasado se acercó a la media.  

Si el informe de los miembros de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) contiene todas estas contradicciones y párrafo a párrafo, admite que el clima en 2015 no ha sido muy diferente al de otros años, ¿cómo esperan que la humanidad les haga caso? 

No entramos a valorar si están o no en lo cierto, pero si no cambian de táctica y olvidan los tremendismos (y de paso el gran negocio que muchos están haciendo con el tema), el cambio climático y el ecologismo en general, pronto caerán en el olvido. Y el planeta necesita que lo cuidemos.