viernes, 4 de noviembre de 2016

En defensa del chocolate blanco


A pesar de existir desde hace más de 70 años (nació en Suiza durante la posguerra), de ser conocido en todo el mundo y de elaborarse de forma similar a sus hermanos, el chocolate blanco continúa considerándose como el “chocolate falso”, el patito feo de la amplia familia de los chocolates.

Sabido es que comer chocolate negro proporciona muchos beneficios para nuestro cuerpo. Contiene  flavonoides que actúan como antioxidantes, protegiendo al organismo del envejecimiento causado por los radicales libres y que también ayuda a relajar la tensión arterial por la producción de óxido nítrico y a equilibrar ciertas hormonas en el cuerpo. Además, disminuye la presión arterial en personas que habitualmente sufren de hipertensión y ayuda a reducir el colesterol LDL (el malo de la familia) hasta en un 10%. Por si fuera poco, el chocolate estimula la producción de endorfinas, con un aumento del sentimiento del placer, contiene serotonina, que actúa como un antidepresivo y nos ayuda a estimularnos con la cafeína que posee. Como todos estos beneficios proceden del licor de la fruta del cacao y en la elaboración del chocolate blanco no se utiliza… pues eso, que a lo largo de la historia, el chocolate blanco ha sido menospreciado.


El chocolate blanco, según el “codex alimentarius” de la FAO, debe contener, al menos, un 20% de manteca de cacao (o sea, que continúa procediendo del fruto del cacaotero) y un 14% de sólidos de la leche. Por ello, tiene algunas ventajas frente al negro como son un alto contenido en calcio (199 mg. cada 100 g. contra 56 mg. del chocolate negro) y un porcentaje bastante mayor de vitamina A.

Además, en contra de la creencia general, el chocolate blanco tiene las mismas o incluso menos calorías que el chocolate negro o que el chocolate con leche (alrededor de 540 calorías cada 100 g. los tres) dependiendo del azúcar que se utilice en su elaboración y las mismas grasas (32 g.) e hidratos de carbono (60 g.).


Pero recuerde, al igual que debemos hacer con todos los alimentos que compramos, lea bien la etiqueta al cogerlo del estante, compruebe sus ingredientes y desconfíe de los que tienen un precio exageradamente bajo puesto que hay muchas marcas que utilizan grasas vegetales y animales en lugar de la tradicional manteca de cacao. En esos casos, sus propiedades nutritivas (además de su sabor) cambian; y no a mejor, precisamente.


Ustedes qué prefieren: ¿el dulce chocolate blanco o el amargo negro? Por mi parte, ¿por qué no los dos?