martes, 31 de mayo de 2011

La extrema izquierda se apropia del Movimiento 15-M-Indignaos



El Movimiento del 15 de mayo o de los Indignaos, como prefieran, pilló a la mayoría de españoles (incluidos los políticos) en fuera de juego. Habíamos oído hablar de algunos de los grupos convocantes, como “no les votes”, por ejemplo, pero, realmente, desconocíamos cuales eran sus reivindicaciones.

No sonaba mal eso de “Democracia Real Ya” y, sobre todo en las circunstancias actuales, a todos nos gustaba escuchar que esta iniciativa era apolítica y que los presentes eran gente normal y corriente; gente que lucha diariamente para vivir y dar un futuro mejor a los que les rodean; gente que tiene familia y amigos… en definitiva, una amalgama de personas sin distinciones políticas, religiosas o culturales que pedían un sistema democrático en el que primaran las personas por encima de los intereses partidistas de los grupos políticos.

Sus primeros manifiestos eran compartidos por la inmensa mayoría de los españoles: cambio de la ley electoral para que las listas sean abiertas; rechazo a la corrupción y exigencia de una transparencia total en las cuentas gubernamentales y la financiación de los partidos políticos; democracia participativa y directa y separación efectiva de los poderes legislativo y judicial eran algunas de las consignas que todos aplaudíamos.

Los días fueron pasando y el país, inmerso en plena campaña electoral, les dio todo su apoyo. En la Puerta del Sol y en todas las concentraciones que se fueron multiplicando a lo largo de la geografía española, se podía ver a personas de todas las edades y condiciones sociales, desde abuelos con sus nietos a amas de casa, pasando por parados de larga duración o estudiantes temerosos del futuro que les aguarda.

Las elecciones pasaron, los medios de comunicación perdieron el interés y la participación fue menguando. En pocos días, los ciudadanos de a pie han olvidado estas concentraciones y ya sólo sirven para que los grupos que siempre suelen estar presentes en este tipo de “movidas” traten de sacar tajada de esta iniciativa que han burocratizado y politizado hasta extremos ridículos.


Los que continúan acampados se rigen por unas estrictas normas donde no se mueve ni el aire sin que lo autorice la comisión pertinente. Cada rincón del asentamiento está coordinado por comisiones, subcomisiones y grupos de trabajo que abarcan prácticamente cada minuto de la vida de los acampados y que controlan desde la alimentación a las infraestructuras pasando por la política, el amor o el arte.

En la más conocida por todos, la de la Puerta del Sol en Madrid, existen 14 comisiones diferentes, cada una con su tienda de campaña y su personal propio, teóricamente voluntario. Se las enumero: comisión de acción, de barrios, de comunicación, de infraestructuras, de participación y voluntariado, de feminismos, legal, de coordinación interna, de política, de respeto, de economía, de permanencia, de las artes, del amor y la espiritualidad, de informática y de alimentación y están estudiando crear la comisión Saharaui. Todas ellas compuestas por las correspondientes subcomisiones y grupos de trabajo. Ocupan a más gente que la existente en muchos ministerios.

Las comisiones se reúnen a todas horas en asambleas. Éstas son presenciales, duran varias horas y aunque no es imprescindible para participar el estar acampado, si resulta muy útil debido a que se celebran durante todo el día. Las decisiones que se toman en estas asambleas se trasladan a la asamblea general que se reúne prácticamente todos los días.

Realmente, el único requisito imprescindible para formar parte de esta comunidad es tener tiempo libre. Sólo los que lo poseen pueden participar del movimiento, por lo que al final, una minoría maneja las asambleas, fija el orden del día y propone los temas sobre los que se puede hablar y los que no. Las personas con obligaciones, ya sean laborales o familiares, quedan fuera de las decisiones que se toman allí.

Esta burocratización extrema (Dios nos pille confesados si algún día manejan las instituciones públicas) produce situaciones tan rocambolescas como la vivida en la concentración de Alicante donde para decidir el sistema de votación (a mano alzada o por grupos) que decidiera si continuaban acampados o no, tardaron ¡hora y media! Una vez concretado el sistema, votaron, ganando los que querían abandonar. Los perdedores, alegando que el resultado fue muy ajustado, decidieron finalmente continuar con la concentración. Si las votaciones en las asambleas sirven para esto…

Pero lo más llamativo de este movimiento, apenas pasadas dos semanas de su inicio, es la radicalización de sus propuestas. La democracia participativa y directa o el rechazo a la corrupción política del principio han dejado paso a consignas que todos hemos oído en alguna ocasión: abolición de la ley Bolonia y el espacio europeo de educación superior; reinstaurar los impuestos de sucesiones y patrimonio; desvincular definitivamente la iglesia del estado; cierre de todas las centrales nucleares y promoción de las energías renovables y gratuitas; recuperación de las empresas públicas privatizadas; reducción a cero del gasto militar y recuperación de la Memoria Histórica. ¿A qué les suena todo esto? Efectivamente, a panfleto de extrema izquierda. No resulta extraño que la “gente corriente” que les apoyaba al principio, decidida ahora dar un rodeo antes que cruzar la plaza.


¿Hasta cuando durarán estos asentamientos chabolistas? Ésa es la gran incógnita, pero imagino que mientras no molesten excesivamente, Rubalcaba continuará permitiendo estas concentraciones ilegales. El Ministro del Interior y candidato a la Presidencia del Gobierno es todo un experto en el manejo de estos problemas (ya lo demostró con la huelga de estudiantes de finales de los ochenta). Sabe perfectamente que la opinión pública olvida muy rápido este tipo de noticias y que, más pronto que tarde, las concentraciones se disolverán tan espontáneamente como se crearon.

¡Pero que vayan con cuidado los acampados! Al PSOE no le beneficia para nada este movimiento y a la primera señal de conflicto, éste será magnificado hasta extremos insospechados, saldrá el “Cojo Manteca” de turno y Rubalcaba conseguirá en pocas horas que la sociedad repudie a los “indignaos”. Desalojarlos de todas las plazas de España pasará a ser una decisión “necesaria” ante el cariz que tomaban los acontecimientos. Tiempo al tiempo.    

¡Qué lástima! Este movimiento social prometía. Otra vez será.