martes, 8 de enero de 2013

Poderosas razones por las que los funcionarios odian las privatizaciones

 

¿Recuerdan el último día en que no hubo huelgas o manifestaciones en España? Sanidad, educación, justicia, Telemadrid, Canal 9, Metro, ferrocarriles, Aena… No continúo porque podríamos estar aquí hasta mañana.

La maldita crisis económica que sufrimos desde hace un lustro ha provocado remodelaciones y ajustes en todos los sectores económicos de nuestro país. El sector privado (si dejamos aparte el bochorno bancario) parece que ya está punto de terminar el sangrante proceso pero el público apenas lo ha comenzado. Y parece que esto va para largo.

Vaya por delante que en este blog estamos en contra de los despidos y los recortes de sueldos; tiempo hubo de sobra para no aumentar plantillas sino disminuirlas de forma no traumática y de congelar (o aumentar por debajo del IPC) sueldos en lugar de recortarlos o directamente suprimirlos, pero de ahí a hacernos creer que la reducción de los “moscosos” afectará a la calidad de la educación de nuestros hijos…


¿Cuántas veces han escuchado en una manifestación aquello de “por una sanidad (o educación, o justicia…) pública y de calidad”? Millones de veces; es su eslogan preferido (al parecer y en contra de toda lógica, lo privado, lo que se paga dos veces para poderlo tener, es malo). Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto?  

No conozco a ningún funcionario que desee que privaticen su trabajo. Es más, parece que la palabra privatización sea el peor insulto que puedan escuchar. ¿Por qué esa aversión a formar parte del tejido empresarial privado? ¿Qué temen perder?

Aunque los trabajadores adscritos a los dos convenios a los que voy a hacer referencia no pueden considerarse estrictamente funcionarios, pueden servirnos como ejemplo de las condiciones laborales que disfrutan los trabajadores del sector público español.
 

Empecemos por los trabajadores de Telemadrid. Como bien saben, sus representantes sindicales acaban de romper las conversaciones con la empresa por lo que, si nadie lo remedia, una gran parte de los trabajadores del ente público se van a ver afectados por uno de los ERE más grandes de la historia de nuestro país.

En su día, se habló de una posible privatización de la televisión autonómica. Por supuesto, los sindicatos se cerraron en banda. ¿Qué temían perder? Leamos algunos puntos de su convenio colectivo:

- 35 horas semanales (desde hace unos meses 37,5) y si el trabajo se desarrolla por la noche, 30. Además, 20 minutos obligatorios de descanso si el horario es ininterrumpido.

- 15 días libres por matrimonio, incluidos los registros de parejas de hecho.

- 4 días de libranza por una operación de un familiar de segundo grado (suegro, nuera, cuñado…)

- 6 días “moscosos” (de asuntos propios) acumulables al periodo vacacional. Además, días libres extras por trabajar en días festivos para garantizar la continuidad de la cadena. Un trabajador de Telemadrid puede acumular fácilmente unas vacaciones de ¡34 días laborables! Nada menos que un 15% de los días laborables anuales.


- Más de 50 euros mensuales por cada trienio acumulado.

- Nueve conceptos diferentes de complementos salariales: por trabajar sábados y domingos, por “dedicación especial”, por “disponibilidad”, por alteración horaria…

- Comedor de empresa; becas de estudios; guarderías subvencionadas; seguros de vida…

- 51 categorías profesionales completamente estancas: si sobra personal en un departamento, se trabaja menos; si falta, se realizan contrataciones.

 -Cada sindicato que cuente con más de un 10% de representación en el ente, tiene derecho a siete liberados. Cada miembro del comité de empresa dispone de 50 horas mensuales libres y además, pueden celebrar 20 asambleas al año en horario laboral. Por supuesto, cada sindicato dispone de local propio con teléfono, fotocopiadora, acceso a Internet…

No resulta extraño que para ”salvar” la continuidad de la televisión pública (o sea, sus privilegios) Telemadrid pase más horas en “negro” que emitiendo su programación habitual.


Vamos con otro ejemplo: el convenio de los trabajadores del Metro de Madrid:

- Hasta 11 días de “moscosos”: seis retribuidos y cinco a cargo del trabajador.

- Anticipos de hasta 6 mensualidades del salario base con posibilidad de devolución hasta en 30 meses, para asuntos particulares. Además, préstamos para la adquisición de primera vivienda habitual, para la formalización de escritura pública de compraventa o siniestros acreditados en la vivienda. Todos con un plazo de amortización de 10 años y un tipo de interés del 3% anual.        

- Póliza de seguro colectivo de vida.

- Abono de transporte gratuito para los trabajadores, ya se utilice por razones laborales o no. Asimismo, hasta que finalizó 2012, los jubilados de la empresa y sus cónyuges podían viajar gratis de por vida.

- Recogida y traslado en autobuses gratuitos de los trabajadores desde su residencia habitual al trabajo y viceversa.

- Título de transporte para viajar en metro para sus cónyuges e hijos.

- Hasta 2011, tarjeta regalo de Reyes para sus hijos de 30 euros y premios por sorteo en forma de cheques regalo de El Corte Inglés de 200 euros.

Y por último, cargo hereditario: si tienen la desgracia de fallecer, la viuda (o por defecto los hijos), aparte de la indemnización correspondiente, tienen derecho a su incorporación indefinida en la empresa.

No es de extrañar que para “defender” el funcionamiento de este servicio público no duden en convocar huelga el mismísimo día de la Cabalgata de Reyes aunque con ello destrocen la ilusión de miles de niños.


Ya sé que existen empresas cuyas condiciones laborales son incluso mejores que éstas; hablo de Cisco, Google, Apple, etc. Pero es que tanto Metro como Telemadrid son empresas desmesuradamente deficitarias; ¿ustedes creen que en el sector privado mantendrían en vigor estos convenios a sabiendas de que pierden dinero a manos llenas? Pues quizá éste sea el principal motivo por el que cualquier empleado público detesta que le hablen de privatizaciones.

Comparen estos convenios con los suyos y en la próxima ocasión que escuchen aquello de “conservar lo público y de calidad”, tradúzcanlo por “conservar nuestros privilegiados y bien remunerados puestos de trabajo”. Creo que esto último se ajusta bastante más a la realidad.