viernes, 14 de noviembre de 2008

Hockey contra el cáncer terminal


Cuando al alemán Robert Muller le entraron unos mareos en noviembre de 2006 seguro que no podía imaginar la gravedad de lo que iba a ocurrirle.
Robert es portero de los Kolner Haie (los tiburones de Colonia), equipo de hockey sobre hielo de la liga alemana, a la vez que guardameta de su selección y el incidente le obligó a abandonar el torneo de la Copa Alemana en Hannover. Las primeras exploraciones confirmaron los peores presagios: Robert sufría un tumor maligno en el cerebro. Acto seguido le realizaron una difícil operación que consiguió extirparle parte del tumor.

Poco a poco fue mejorando y volvió a su gran pasión: el hockey sobre hielo. Sin embargo, en agosto de este mismo año, cuando fue a realizarse un chequeo de rutina se observó que el tumor había vuelto a aparecer. Nada menos que un glioblastoma, un tumor de cuarto grado especialmente agresivo y de crecimiento muy rápido que ejerce presión sobre los vasos sanguíneos. Una nueva visita al quirófano fue necesaria, pero tampoco en esta ocasión fue posible extirpar todo el tumor.


Desde entonces, Robert tiene la certeza de que no hay cura para su mal.
Los médicos están algo sorprendidos porque ha superado de largo la media de supervivencia de este tipo de tumores. Pero, desgraciadamente, ya le han dado un ultimátum: no sobrepasará las siete semanas de vida.

Imaginen el golpe. Un hombre, un deportista de 28 años sentenciado en plena juventud. ¿Qué harían ustedes en este caso? Supongo que algunos lamentarse y otros intentar aprovechar esos pocos días de vida que le quedan.
Robert es de los segundos. Apenas salido del hospital empezó a entrenar nuevamente con su equipo. Día a día mejoraba en los entrenamientos (aunque nunca ha llegado a alcanzar la forma anterior) y esta semana va a tener su premio: el otro portero, ahora titular, se ha lesionado y nuestro amigo volverá a ocupar la portería tras 198 días ausente desde su último partido.

Imaginen que corazón tendrá que las primeras palabras de “el portero más valiente de Alemania”, como lo han bautizado allí, han sido para lamentar la lesión del compañero y para decir que espera que se recupere pronto, como si no supiese que la recuperación de aquel será su adiós definitivo al deporte que tanto ama.


Vaya desde aquí nuestro reconocimiento por sus ganas de vivir y por su ejemplo ante la adversidad que nos ofrece este buen deportista alemán. Que pare muchas bolas en su nuevo “debut”. Y que gane todos los partidos que juegue.

Por desgracia, el partido más importante de su vida, el que le enfrenta con el odioso tumor cerebral, lo tiene muy cuesta arriba.

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