
Los comedores de las instituciones benéficas y ONG´s ya no dan abasto. Más de un millón de personas acuden diariamente a sus instalaciones y los bancos de alimentos están saturados. A sus habituales “clientes”, inmigrantes y personas mayores sin ingresos, se han unido últimamente todo tipo de gentes, entre ellos familias enteras en las que todos sus miembros se han quedado en el paro y ya no les llega para comer un plato de caliente todos los días.
Muchos son los ciudadanos que, solidarizándose con ellos, ofrecen todo tipo de donaciones a estas instituciones, ya sean en metálico, aportando alimentos o dedicando unas horas de su tiempo para ayudar en lo que se pueda.

Auténticos “premios Nóbel” de la solidaridad que pasan desapercibidos en medio de la vorágine que se vive estos días.

La iniciativa se sufraga con la aportación de todos: los empleados contribuyen con las propinas de los miércoles, la central de la franquicia aporta el 60% y el 20% restante procede de los proveedores que se han sumado a la causa.
Indudablemente, la comida que reciben no es nada del otro mundo, pero para un parado, una comida gratis es un paso más para llegar a fin de mes. Dos pulguitas y un refresco son un condumio más bien escaso, pero suponen un aporte calórico nada desdeñable para aquellos que han visto cortados sus ingresos mientras las facturas asisten puntuales a su cita mes tras mes.
La mayoría de los que acuden son mujeres de entre 40 y 50 años (el tipo de colectivo que más difícil lo tiene para encontrar un puesto de trabajo), pero por la puerta entran todo tipo de gentes; "vienen algunas personas a las que cuesta imaginarse llevando una vida de estrecheces", comentan en la taberna.

Y de paso, están consiguiendo una publicidad que, al menos desde este blog, realizamos muy gustosos.
La solución a la crisis no está, por desgracia, en nuestras manos, pero si todos colaboramos (empresas y particulares) podremos aliviar un tanto la desesperación de los más necesitados.
Aunque sólo sea por puro egoísmo: puede que algún día, Dios no lo quiera, nos toque a nosotros pasar por este mal trago.
Aunque sólo sea por puro egoísmo: puede que algún día, Dios no lo quiera, nos toque a nosotros pasar por este mal trago.
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